Historias de un luthier: Desde guitarras
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Historias de un luthier: Desde guitarras “apuñaladas” hasta el rescate de instrumentos clásicos

Ariel Moratinos se ha especializado en el arte de la recuperación y el mantenimiento de instrumentos de cuerda, realizando un servicio vital en una ciudad donde el clima y el uso constante exigen manos expertas.

En el ecosistema musical de Comodoro Rivadavia, la figura del luthier aparece como un eslabón invisible pero fundamental. No todos construyen desde cero; algunos, como Ariel Moratinos, se han especializado en el arte de la recuperación y el mantenimiento, un servicio vital en una ciudad donde el clima y el uso constante exigen manos expertas.

Con 15 años de trayectoria independiente y formando parte de un selecto grupo de apenas cinco especialistas dedicados al rubro en la ciudad, Moratinos define su labor con una analogía simple: “Luthier es como ser un mecánico”.

Del taller familiar a la precisión técnica

La historia de Ariel con las herramientas no empezó con una guitarra, sino en el taller de su padre Emilio, reconocido en el automovilismo como el “Patagónico Volador”. Esa herencia mecánica, sumada a su paso por la Escuela Técnica (ENET), le brindó la disciplina del ajuste y la paciencia necesaria para trabajar piezas milimétricas.

“Lo que más odiaba en la escuela era limar toda la mañana una piecita; hoy, es lo que hago todos los días. Esa formación técnica te da un oficio que, si no lo tenés, se nota en el resultado final”, reflexiona Ariel en su taller ubicado en calle Ameghino que tiene guitarras colgadas que esperan su atención.

Su camino profesional dio un giro decisivo entre 2009 y 2010. Tras cinco años trabajando en la emblemática casa de música RD sobre la calle Sarmiento, descubrió que su verdadera vocación no era solo vender instrumentos, sino optimizarlos. Con el permiso de su entonces jefe, Raúl Domínguez, empezó a “meter mano” para corregir mástiles doblados o cuerdas altas, transformando un servicio extra en su forma de vida.

Un oficio de resistencia económica

El contexto actual no es ajeno a la realidad del luthier. Moratinos reconoce que el inicio de 2026 ha sido uno de los más complejos, comparable a la recesión de 2018. La economía regional, fuertemente ligada a la actividad petrolera, marca el pulso de su taller. Sin embargo, su clientela fija le permite mantenerse en pie.

Su trabajo abarca desde la calibración y limpieza con el ajuste de alturas y entonación, como el mantenimiento de circuitos en guitarras eléctricas, bajos, amplificadores y consolas. También incluye encolados de tacos, tapas, aros y cabezas partidas en instrumentos clásicos y criollos.

De “batallas” y anécdotas

En 15 años frente al banco de trabajo, las historias sobran. Sentado en una silla mirando para afuera del local que recibe el sol del mediodía, Ariel  recuerda con particular asombro una guitarra eléctrica que llegó a sus manos tras una disputa doméstica: “Vino apuñalada, literal”. Ante la imposibilidad de restaurar la madera y la pintura sin alterar su esencia, la sugerencia fue dejar las marcas como una “herida de guerra”, una estética forzada por las circunstancias que quedó como una de las intervenciones más insólitas de su carrera.

Hoy, Ariel Moratinos sigue siendo ese músico que decidió cuidar el sonido de los demás. En una ciudad con miles de artistas y apenas un puñado de luthiers, su taller es el refugio donde los instrumentos de Comodoro vuelven a la vida.

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