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Qué ver en cines: Scream 7 o Los miserables. El origen

Scream 7

Cuando parecía que la saga ya había dicho todo lo que tenía que decir sobre sí misma, vuelve a levantar el teléfono. Ahora, bajo la dirección de Kevin Williamson, guionista de la película original y de dos de sus secuelas (Scream 2 y Scream 4); un cuento de terror iniciado junto al director de las cuatro primeras películas, Wes Craven. 

Esta nueva entrega juega —una vez más— con la autorreferencia y la nostalgia, pero introduce una mirada más amarga sobre la cultura de la exposición y el espectáculo del dolor. El slasher ya no es solo un juego metacinematográfico: es una reflexión incómoda sobre cómo el horror se viraliza y se trivializa. La película no reinventa la fórmula, pero entiende que el verdadero susto hoy no está en el cuchillo, sino en la pantalla que lo retransmite.

Los miserables. El origen

Reimaginar un clásico como Los miserables implica asumir un riesgo: competir con la memoria colectiva. ‘Los miserables. El origen’ opta por explorar los márgenes, los antecedentes emocionales y sociales de los personajes antes de que el destino los encierre en su tragedia conocida.

Más que una adaptación, es una expansión del universo. La película subraya las desigualdades estructurales que alimentan la furia y la desesperación, con una puesta en escena sobria que evita el exceso melodramático. Aquí no hay grandes números musicales ni grandilocuencia épica: hay barro, hambre y decisiones imposibles. El resultado es un drama que dialoga con el presente sin perder el eco literario.

Sorry, Baby

El cine independiente estadounidense tiene una habilidad especial para convertir lo aparentemente pequeño en devastador. ‘Sorry, Baby’ es una de esas historias que parecen susurradas, pero dejan cicatriz.

Con una protagonista que transita la adultez desde la fragilidad y la ironía, la película aborda las heridas invisibles, las relaciones que no sabemos nombrar y la culpa que se instala sin pedir permiso. Su mayor acierto es la contención: evita el subrayado emocional y confía en los silencios. Es cine de gestos mínimos y consecuencias enormes, un retrato generacional que no necesita levantar la voz para hacerse oír.

Islas

Hay películas que se desarrollan en un lugar concreto y otras que convierten ese lugar en un personaje. ‘Islas’ pertenece a esta segunda categoría. El paisaje —físico y emocional— determina cada decisión de sus protagonistas.

A medio camino entre el thriller psicológico y el drama existencial, la cinta explora la desconexión contemporánea: estamos rodeados de agua, pero incapaces de cruzarla. La tensión no proviene tanto de la acción como de la sensación de encierro, de la sospecha constante de que algo se ha quebrado. Visualmente poderosa y narrativamente pausada, ‘Islas’ exige paciencia y recompensa con inquietud duradera.

Además, cuenta con Ana Belén en el papel protagonista.

Scarlet

La nueva película de animación de Mamoru Hosoda confirma al cineasta como uno de los grandes cronistas emocionales del anime contemporáneo. Lejos de la épica digital de sus trabajos más tecnológicos, aquí apuesta por una sensibilidad más orgánica, casi etérea, donde la naturaleza y el movimiento tienen un peso narrativo esencial.

Hosoda vuelve a explorar la infancia como territorio de resistencia frente a un mundo herido. Con una puesta en escena luminosa y un trazo que combina delicadeza y energía, ‘Scarlet’ habla de pérdida, identidad y libertad sin caer en el sentimentalismo fácil. Hay dolor, sí, pero también impulso: la necesidad de alzar el vuelo —literal y simbólicamente— cuando todo parece empujar hacia abajo.

 

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