La falta de gas amenaza a los industriales salteños
Todo indica que se avecina un invierno complicado para los salteños, agravado por una probable parálisis productiva a partir de la anunciada disminución del suministro de gas, un problema que ya empieza a afectar a las provincias del NOA y del centro del país.
El déficit de la capacidad de distribución energética hacia todo el país, en volumen suficiente y sin sobresaltos, es un signo de décadas de discontinuidades e improvisaciones en la materia.
Concretamente, hoy es casi inevitable que falte en nuestra provincia y en toda la región el suministro del gas proveniente de los yacimientos patagónicos, con Vaca Muerta como el aportante central. Al faltar el gas, las industrias deberán reducir o paralizar la actividad, mientras que el insuficiente suministro doméstico volverá a castigar la economía de los hogares.
Como siempre, los usuarios de garrafas, que son los sectores de menores ingresos, ya han sufrido las consecuencias de la desregulación de precios, y su consecuente discrecionalidad: las garrafas subieron 15% en marzo y en abril y sus precios en el distribuidor merodean entre $ 24.000 y $ 30.000. Para el consumidor, los precios quedan librados a la arbitrariedad del vendedor.
Esto ocurre en momentos en que la energía argentina genera expectativas mundiales, especialmente tras la guerra en Irán y las amenazas para la circulación de los buques hidrocarburíferos en las vías marítimas. Sin embargo, el país carece de un proyecto energético nacional adecuado a nuestras posibilidades y nuestra demanda.
Esa ausencia de políticas con objetivos estratégicos para todas las provincias se evidenció a partir de 2003, cuando Néstor Kirchner acordó con Hugo Chávez, y luego con Evo Morales, que la Argentina congelara precios de gas en boca de pozo muy por debajo de los costos, para garantizar el ingreso de los productos (mucho más caros) de Venezuela y Bolivia, estableciendo así una relación de dependencia del país con respecto a sus vecinos. Y sepultando la producción gasífera de Salta.
De ese modo, los yacimientos argentinos redujeron las actividades de exploración y, en consecuencia, de producción. Nadie después lo corrigió del todo.
En este momento, la logística de transporte de gas es insuficiente, en un país cuya matriz energética depende de los hidrocarburos, donde el gas y el petróleo representan en conjunto más del 85% de la energía primaria del país.
Al mismo tiempo, la reconfiguración que instrumentó la Secretaría de Energía de la Nación en el sistema de transporte gasífero a través de la resolución 66/2026, del 13 de marzo, las distribuidoras del servicio de gas por redes en distintas provincias recibirán menos cupos y deberán pagar a las transportistas un “peaje” por el uso de los ductos troncales que traen el gas de Vaca Muerta hacia el norte del país.
En el nuevo esquema, el NOA será la región más perjudicada. Este invierno, la solución (a pérdida) para el sector industrial sería comprar el GNL importado, al precio de U$S 27 por millón de BTU. En los alrededores de Vaca Muerta, el gas se paga a US$ 3.
Es que la provisión del combustible es vital para la actividad productiva. Los industriales del NOA saben que la reducción de la capacidad de entrega firme será altamente perjudicial. Las cuatro provincias comprendidas en el área de la distribuidora Naturgy cuentan desde ayer con solo 3,2 millones de metros cúbicos diarios de gas neuquino a través del revertido Gasoducto del Norte. Hasta el viernes recibían 4,9 millones. Una caída del 35 % en el abastecimiento garantizado al NOA.
Una vez más, queda en evidencia el rol que corresponde al Estado en la tarea de impulsar el desarrollo productivo y de garantizar derechos básicos de todos los argentinos. La obra pública no debería ser fruto de una negociación mezquina con los gobernadores, sino de un proyecto nacional y federal, con la estabilidad propia de las políticas de Estado.

