Marisa Rossini y una muestra que convirtió la memoria cotidiana en obra
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Marisa Rossini y una muestra que convirtió la memoria cotidiana en obra

Marisa Rossini y una muestra que convirtió la memoria cotidiana en obra

La artista tucumana Marisa Eugenia Rossini presentó en el Museo Provincial Escultor Juan Carlos Iramain la muestra “Apellido de calle: La irrelevancia de nuestras vidas”, una propuesta site-specific que exploró la relación entre memoria, patrimonio y vida cotidiana a través de grabados, dibujos, archivos y técnicas mixtas.

Con curaduría de Eugenia Bulacios Zamora y Gaspar Núñez, la exposición tomó como punto de partida la singularidad del Museo Iramain, una casa-museo donde los límites entre obra, archivo y experiencia doméstica se vuelven difusos. Desde allí, Rossini construyó una propuesta sensible y conceptual que invitó a reflexionar sobre aquello que conservamos, aquello que olvidamos y el valor simbólico de los objetos aparentemente insignificantes.

La artista, cuya práctica atraviesa el arte, la investigación, la docencia y el coleccionismo, viene trabajando desde hace años sobre los criterios de documentación y preservación de los bienes culturales. En esta muestra, ese interés apareció traducido en una serie de piezas que resignificaron documentos, fotografías, registros y objetos cotidianos mediante nuevas formas de organización y lectura.

Uno de los ejes centrales de la exposición fue la construcción de una genealogía simbólica que entrelazó historias familiares, recuerdos y rastros materiales. A través de esa operación, la artista cuestionó las formas tradicionales de pensar el patrimonio y propuso una mirada más amplia sobre aquello que heredamos y transmitimos.

La muestra también puso el foco en el archivo entendido no solo como reservorio de memoria, sino como materia poética. Objetos descartables, fragmentos domésticos y pequeñas huellas del tiempo fueron incorporados a una narrativa artística donde lo íntimo adquirió dimensión colectiva.

Según la curadora Eugenia Bulacios Zamora, la propuesta buscó “reorganizar y recategorizar documentos, imágenes, espacios y objetos, de una manera amorosa y crítica a la vez”, generando nuevas formas de mirar aquello que muchas veces permanece oculto o relegado al silencio.

Por su parte, el curador Gaspar Núñez destacó que la obra de Rossini desborda los límites de los objetos exhibidos y se expande hacia un conjunto de prácticas vinculadas al cuidado, la conservación y la construcción de sentido alrededor de las cosas.

La exposición dialogó además con reflexiones filosóficas sobre la memoria y el olvido. Inspirada en autores como Thomas Browne y Vinciane Despret, la artista trabajó sobre la idea de que las historias y los vínculos continúan existiendo mientras alguien los conserve, los nombre o les otorgue un espacio dentro de la memoria colectiva.

“Apellido de calle: La irrelevancia de nuestras vidas” terminó convirtiéndose así en una experiencia atravesada por preguntas sobre la permanencia, la pérdida y la necesidad de los otros para construir sentido. Una muestra donde los objetos cotidianos, lejos de ser simples restos del pasado, aparecieron como pequeñas piezas capaces de activar nuevas formas de mirar la vida y la memoria.

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