El Papa concluyó las cuatro sesiones del Consistorio: volvió a pedir por la paz y oró por las víctimas de los terremotos en Venezuela
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El Papa concluyó las cuatro sesiones del Consistorio: volvió a pedir por la paz y oró por las víctimas de los terremotos en Venezuela

En su intervención final en las cuatro sesiones del segundo Consistorio, celebrado en el Aula de las Audiencias Generales —donde fueron desplegadas veinte mesas circulares en las que se sentaron 178 cardenales asistentes—, el Papa relanzó los temas principales discutidos: no violencia, pobreza, multilateralismo, jóvenes, familia, bien común “y la guerra, que no es solo un conflicto entre Estados, sino que nace de una cultura de la potencia que usa economía, tecnología y religión”.

León XIV anunció que el tercer Consistorio tendrá lugar el año próximo. El primero se celebró en enero pasado.

En la última de las cuatro sesiones hubo un momento de diálogo libre de los purpurados con el Papa. León XIV también les pidió que le hicieran llegar sus reflexiones por escrito para abordar los temas elegidos.

“Este Consistorio ha sido un momento precioso y no debe quedar como un encuentro aislado”, dijo el Papa.

Durante las sesiones, los cardenales y el propio pontífice expresaron su solidaridad con el pueblo de Venezuela, castigado por un muy violento terremoto. “Aseguramos nuestras oraciones por las víctimas, por sus familias y por los que sufren”, dijo. “Confiemos al Señor también a todos los que están empeñados en el socorro y pedimos que no venga a menos la solidaridad de la comunidad internacional hacia esta querida nación”.

El Papa concluyó las sesiones con “un llamado profético a la paz del mundo”: “La violencia no tendrá la última palabra”.

“Dios desea la paz para cada nación y para cada pueblo. No debemos resignarnos a la violencia, que no tendrá la última palabra. Dios continúa abriendo en la historia caminos de reconciliación y paz”.

León XIV dijo que ha sido motivo de consuelo y esperanza ver cómo los purpurados, “venidos de Iglesias, culturas y situaciones tan diversas”, han logrado escucharse recíprocamente y buscar juntos lo que mejor sirve al Evangelio. Señaló que la mirada de los cardenales ha contemplado el mundo “tocando los sufrimientos de las guerras, la violencia, la pobreza y tantas injusticias que marcan la vida de los pueblos”.

“Dentro de estos dramas, han reconocido ustedes un sufrimiento aún más profundo: la soledad, las crisis de las relaciones, la pérdida de la esperanza, la dificultad de reconocerse recíprocamente como hermano y hermana. Es una mirada que no quita los ojos de las heridas del mundo, sino que busca las raíces, reconociendo, con frecuencia escondida dentro de ellas, una renovada demanda de sentido, de autenticidad, de espiritualidad y de comunidad. Muchos buscan hoy esperanzas y relaciones verdaderas”.

El pontífice dijo que “el perdón rompe la espiral de la venganza. Esta es la fuerza del Crucificado resucitado, una fuerza que no destruye al enemigo, sino que hace posible reencontrar a un hermano”.

En esta perspectiva, el pontífice relanzó el pedido avanzado por diversos grupos de proseguir profundizando el tema de la legítima defensa para intervenir en la naturaleza de los conflictos contemporáneos.

“Esta reflexión merece ser ulteriormente desarrollada con el necesario rigor teológico y pastoral”, agregó. “De un corazón reconciliado pueden nacer palabras desarmadas, relaciones nuevas y una paz capaz de alcanzar también a los pueblos”.

Es evidente que las heridas humanas y el crecimiento de las situaciones de guerra están hoy en el centro de las preocupaciones de la Iglesia. Sobre todo, el Papa evidencia cómo las más profundas se encuentran entre los jóvenes, “en el sufrimiento que a veces lleva a la desesperación de quitarse la vida”.

León XIV insistió en “la defensa inviolable de cada persona”. Destacó “la insistencia de la Doctrina Social de la Iglesia para que sea cada vez más patrimonio vivo de nuestras comunidades”.

En la parte final de su intervención en el Consistorio, el Papa confió “una vez más” a los cardenales el camino de actuación del Sínodo. Pidió actuar en la conciencia de que “la sinodalidad no es un sistema de reuniones, ni un método de trabajo”. “Es un estilo espiritual. Nace del encuentro, crece en la escucha y madura en el discernimiento”.

“La verdadera demanda no es cuántas conversaciones sabremos organizar, sino cuáles serán las cualidades evangélicas que tendrán nuestros encuentros”, advirtió.

León XIV dijo que los participantes de los Consistorios (que serán anuales, N. de la R.) “están poco a poco redescubriendo su significado más auténtico. No un parlamento, no un congreso en el que prevalecen opiniones o intereses, sino una experiencia de comunión al servicio de la misión”.

“Es un estilo que estamos llamados a promover en toda la Iglesia, porque cada bautizado, según su propia vocación y responsabilidad, participe en la construcción de la civilización del amor al servicio del bien común”, concluyó el pontífice.

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