Con casi 200 millones de personas afectadas, la ola de calor en Europa se corre hacia el Este y se espera otro fenómeno en los próximos días
La ola de calor que afectó en los últimos días el oeste europeo, con especial incidencia en Francia y Bélgica, donde se rompieron récords de temperaturas máximas, se mueve desde el domingo hacia el centro, el este del continente y la región de los Balcanes. Los europeos entienden que el calor, que en algunas zonas de Europa supera en más de 10 grados las temperaturas medias de la época, no termina de irse, sólo da vueltas por el continente.
Después de unas tormentas también inéditas por su fuerza durante la noche del sábado al domingo en el norte de Francia y en Bélgica, que ayudaron a hacer bajar las temperaturas, las masas de aire caliente que sostienen estos episodios se movieron hacia Chequia, Eslovaquia, Hungría, Polonia o los países de los Balcanes.
En total, según estimaciones de la agencia AFP, en los últimos días hasta 191 millones de europeos vivieron con temperaturas diurnas superiores a los 35 grados, muchos de ellos en regiones muy pocos acostumbradas al calor.
La Organización Mundial de la Salud calcula que desde el 21 de junio hubo en Europa un exceso de fallecimientos de más de 1.300 personas. Estima que esas muertes son achacables al excesivo calor.
Esta ola de calor, cuyo inicio oficial se fija en el 21 de junio, es la más severa desde que hay registros fiables en Europa, y según la comunidad científica, “hubiera sido virtualmente imposible” tan temprano en verano sin la crisis climática. Se han roto récords máximos de temperaturas en Alemania, Polonia, Chequia para cualquier época del año y para junio en Reino Unido y Suiza.
El patrón de la Organización Mundial de la Salud, Adhanom Ghebreyesus, escribió en X: “Ahora mismo 150 millones de personas viven en condiciones de extremo calor, cientos han muerto, las escuelas cierran, las redes (de transporte de electricidad) están colapsando”. “Europa es el continente que se calienta más rápido”, añadió. Una especie de justicia divina, porque también han sido los europeos los que más tiempo llevan calentando el planeta.
Uno de los temas de conversación habituales en los últimos días en Bruselas es el hecho de que media Europa no está hecha para sostener estas temperaturas. En Alemania ha habido que cerrar carreteras porque el asfalto se derrite, en Bélgica estallaron las vías de metal por donde pasan algunos tranvías porque no soportaron la dilatación provocada por el calor.
Pero, sobre todo, en Bruselas, como en buena parte del norte del continente, las viviendas se diseñan con el objetivo de que en invierno consuman la menor cantidad de calefacción posible. Se intenta que tengan ventanas lo mayor posibles, que su aislamiento impida que se escape el calor y se construyen, siempre que se puede, con sus fachadas mirando al sur o suroeste porque es la forma en que tienen más horas de sol. Mecanismos que ayudan a ahorrar en calefacción pero que en episodios de calor excesivo empeoran la situación de esas viviendas.
El aire acondicionado, imprescindible en edificios públicos en España, Portugal, Grecia o Italia, en viviendas, edificios oficiales, escuelas u hospitales, es un rara avis en el norte de Europa, donde ni siquiera es común en hospitales y es rarísimo en restaurantes y tiendas.
El dato de los 1.300 muertos es provisional, y las autoridades temen números mucho mayores. La ola de calor de 2003, con la que se compara la actual, mató a más de 15.000 europeos. Y aunque por ahora se mantiene esa cifra de 1.300 muertes, informes de la prensa francesa hablan de funerarias en el centro del país desbordadas por los pedidos de féretros.
En la ciudad alemana de Colonia este pasado fin de semana hubo que montar de urgencia hospitales de campaña porque los hospitales de la ciudad estaban desbordados por la cantidad de personas mayores hospitalizadas con problemas de salud provocados por el calor.
Las autoridades sanitarias francesas dijeron que sólo desde el día 24 al 28 calculan más de 1.000 muertes debidas al calor. Eso es sólo en cuatro días y sólo en Francia, por lo que el dato de 1.300 a nivel europeo es probablemente una estimación muy conservadora. España calcula unos 800 fallecimientos adicionales en la última semana.
Los servicios meteorológicos europeos estiman que dentro de entre 10 y 15 días llegará la segunda gran ola de calor, otra vez con temperaturas rondando los 40 grados en el norte del continente. Polonia, el este de Alemania o Chequia rozaron el domingo los 42 grados, todos con registros históricos.

