Siempre hay cosas para hablar, pero nunca hay tiempo
El escenario de la foto anhelada fue, una vez más, Tucumán. En el marco de la celebración por el Día de la Independencia, el Presidente llegó con el cronómetro ajustado: el tiempo justo para saludar, posar para la postal de rigor y soltar un discurso donde exigió respaldo a reformas que siguen en veremos. Todo frío, calculado, con la frialdad de un trámite que, una vez más, dejó en claro que para el Presidente no hay tiempo —ni interés real— en escuchar a los gobernadores.
Si hace un año la expectativa estaba puesta en la firma del “Pacto de Mayo”, la realidad hoy es otra: una coreografía donde asistieron trece mandatarios, cifra que el oficialismo celebra como un triunfo, aunque los números cuenten una historia distinta. La lista de ausentes no solo es larga, sino ruidosa. Jorge Macri y Maximiliano Pullaro, en un claro desplante, prefirieron un almuerzo propio con Diego Santilli, mientras que los gobernadores “dialoguistas” —Zamora, Passalacqua, Weretilneck y Poggi— pegaron el faltazo, sumándose a la oposición frontal de Kicillof, Ziliotto, Insfrán, Quintela y Melella.
Frente a este escenario, de la partida formaron parte el jujeño Carlos Sadir, Alfredo Cornejo, Juan Pablo Valdés, Marcelo Orrego, Gustavo Sáenz, Raúl Jalil, Rogelio Frigerio, Rolando Figueroa, Ignacio Torres, Claudio Vidal, Leandro Zdero, Elías Suárez y la vicegobernadora de Córdoba, Myrian Prunotto. Con esta foto, la Rosada cree haber ganado músculo para avanzar con la eliminación de las PASO y reformas profundas, pero el optimismo oficial es apenas un barniz: en los pasillos, los mismos gobernadores que posaron admiten en voz baja que, por ahora, el apoyo incondicional es una ilusión.
El encuentro fue, en esencia, un vacío protocolar. El arribo sobre la hora del Presidente no fue un descuido de agenda, sino una declaración de principios: no hay lugar para el intercambio ni para la política real, solo para el mandato. En este esquema de conveniencia pura, el oficialismo lanza una dura advertencia hacia las provincias: el apoyo nacional será un activo exclusivo para quienes garanticen fidelidad legislativa absoluta. Aquí, la convicción ideológica brilla por su ausencia y la billetera termina siendo la única ley que rige el vínculo.
Para completar el cuadro, Victoria Villarruel esta vez se hizo presente, marcando territorio, mientras que el faltazo de Patricia Bullrich descolocó a la Casa Rosada. La ministra, en desacuerdo por el armado de colectoras y negando ser una competidora para el gobierno de la Ciudad, parece haber iniciado un juego de fuga donde su destino solo será la candidatura a vice presidente o a presidente. Demasiados interrogantes en un escenario que se mueve a una velocidad vertiginosa, donde los acuerdos se hacen de cristal y el que parpadea, pierde su lugar en la mesa.

