El deshielo de un glaciar en Nepal era una bomba de tiempo. Y aún quedan más por venir
Al igual que gran parte del mundo, he visto y vuelto a ver los vídeos de las catastróficas inundaciones que han llegado desde Nepal, con horror y tristeza.
Pero a diferencia de muchos, conozco a fondo esta parte del mundo, adonde viajé por primera vez como estudiante de geología en 2005 para estudiar cómo los glaciares de la región de Khumbu se desintegran formando lagos peligrosos.
He realizado seis expediciones allí en las últimas dos décadas.
Debido a la lejanía del lugar, los científicos aún desconocen la causa exacta del reciente desastre.
Lo que sí se sabe con certeza es que un enorme trozo de glaciar se desprendió de la ladera de la montaña, cayó 1200 metros y se estrelló contra un afluente del río Bhotekoshi en China.
Instantes después, una pared de rocas y agua arrasó el edificio del puerto de Gyirong mientras la inundación descendía a toda velocidad por el valle. El origen del agua sigue siendo un misterio.
En muchas inundaciones catastróficas del Himalaya, los lagos glaciares son los responsables.
Cuando los glaciares de Nepal estaban sanos, arrasaban las montañas y levantaban montones de escombros rocosos de cientos de metros de altura, formando lo que los glaciólogos llaman morrenas.
El pueblo sherpa de Thame, en la región del Khumbu, en Nepal. A lo lejos se aprecia el caudal de la crecida glaciar de 2024. Foto Jason Gulley para The New York TimesA medida que las temperaturas en el Himalaya se han disparado, los glaciares se han reducido y las morrenas han atrapado el agua de deshielo.
Esto ha creado lagos que pueden crecer hasta reemplazar el glaciar que los alimenta, o hasta que una perturbación provoque su drenaje catastrófico.
Como informé el año pasado junto con Raymond Zhong, reportero de ciencia climática de The New York Times, un deslizamiento de tierra impactó un glaciar en la región de Khumbu en 2024, provocando una ola de inundación que superó la morrena y arrasó con 100 millones de galones de agua en el corazón de Thame, una aldea sherpa cercana.
Por suerte, no hubo víctimas mortales.
Sin embargo, la inundación destruyó la escuela, la clínica, varios albergues y viviendas de la aldea.
Antecedentes
Los datos muestran que los desprendimientos glaciares —un término científico que incluye los desprendimientos de glaciares y las avalanchas de roca y hielo— se han producido docenas de veces desde 1900 en la región fronteriza entre China y Nepal.
Escombros en lo que queda de la escuela primaria de Thame. Foto Jason Gulley para The New York TimesSi bien la inundación de la semana pasada provocó un deslizamiento de tierra masivo, no se observaron lagos glaciares debajo, lo que la convierte en una anomalía.
Algunos científicos han especulado que el impacto de un trozo de glaciar que cayó desde 1200 metros de altura podría haber pulverizado el hielo y convertido en agua.
Pero sabemos que habrá más inundaciones, y algunas podrían ser mucho peores.
Fuentes: Estudio sobre lagos glaciares (2024), de Taigang Zhang, Weicai Wang y Baosheng An; carreteras y fronteras nacionales, de OpenStreetMaps; imagen de satélite, de Landsat y Copernicus.A menos que se reduzcan las emisiones de dióxido de carbono, los científicos proyectan que el calentamiento en las altas montañas de Asia borrará hasta el 75% de los glaciares restantes para el año 2100.
El agua de deshielo que se acumula detrás de las morrenas y en las depresiones expuestas por el hielo transformará miles de glaciares en grandes lagos, cada uno de los cuales representa una potencial bomba de relojería para las comunidades vulnerables río abajo.
Durante los últimos 20 años, he observado este proceso en acción.
En mis primeros viajes a la región, solía ascender rápidamente al Ngozumpa, el glaciar más largo de Nepal, hasta mis lugares de investigación, donde cruzaba un charco alargado con forma de cinta, cerca del pueblo sherpa de Gokyo.
En 2025, cuando regresé para informar sobre los peligros de las inundaciones glaciares para el Times, se había convertido en un lago de casi 230 metros de ancho y 260 metros de largo.
La inundación de Thame hace unos años demostró que los lagos pequeños pueden ser peligrosos por sí solos, pero también desempeñan un papel fundamental en la formación de lagos más grandes y, potencialmente, en el aumento del riesgo de inundaciones.
El glaciar Ngozumpa, al igual que muchos glaciares de Nepal, está cubierto por una gruesa capa de escombros rocosos provenientes de las montañas adyacentes.
Los glaciólogos creían que estos escombros aislarían el hielo del deshielo, pero ahora sabemos que los lagos pueden acelerar el deshielo.
El limo y el lodo atrapados por el agua de deshielo le dan al agua del lago un color gris oscuro.
Y al igual que usar una remera negra en un día soleado nos hace sentir más abrigados, ese color oscuro calienta el agua de los lagos y derrite el hielo circundante.
El lago glaciar de Imja, que mide casi dos millas de largo y sigue extendiéndose. En primer plano, un aliviadero evacua parte del agua. Foto Jason Gulley para The New York TimesEl agua caliente puede crear cuevas que convierten los glaciares en un queso suizo, pudriéndolos desde dentro hacia fuera.
Cuando estos túneles colapsan, crean nuevas depresiones que se convierten en lagos.
Y el rápido crecimiento de un lago puede consumir rápidamente un glaciar.
Ejemplo
El glaciar Imja es un ejemplo impactante.
Imágenes aéreas de la década de 1950 muestran que apenas tenía unos pocos lagos pequeños en su superficie.
Para 1978, un solo lago había cubierto casi por completo la lengua del glaciar.
En 2021, la parte baja del glaciar Imja se había convertido en un lago de 2,7 kilómetros de largo, 0,6 kilómetros de ancho y más de 122 metros de profundidad.
Lo único que lo retiene es una represa inestable de hielo, arena y roca.
El lago Imja es uno de los lagos glaciares más grandes de Nepal, y en su momento también uno de los más peligrosos.
En 2016, el ejército nepalí excavó una zanja de 3,3 metros de profundidad para reducir el nivel del agua y la magnitud de la inundación que se desataría si se rompiera.
Una crecida repentina en 1985 que inundó Thame había motivado esta medida.
Treinta y ocho años después, estuve allí para documentar los efectos de una segunda crecida.
Como geólogo, no sé qué se puede hacer para afrontar inundaciones como estas.
Pero de lo que sí estoy seguro es de que van a ocurrir.
c.2026 The New York Times Company
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