Proyecto Hail Mary: una odisea espacial espectacular pero falta de originalidad
La llegada de ‘Proyecto Hail Mary’ a las pantallas IMAX en este 2026 prometía ser el evento cinematográfico de la temporada. Dirigida por la dupla Phil Lord y Christopher Miller, la cinta adapta la exitosa novela de Andy Weir con un presupuesto colosal y un Ryan Gosling que vuelve a enfundarse el traje de astronauta tras su paso por First Man. Sin embargo, lo que se presenta como la gran apuesta de ciencia ficción del año termina siendo un ejercicio que, aunque entretenido e impecable en lo técnico, se siente excesivamente familiar y derivativo de éxitos previos como The Martian o Interstellar.
Un carismático Gosling en un vacío demasiado conocido
Gosling interpreta a Ryland Grace, un profesor de ciencias convertido en la última esperanza de la humanidad ante un Sol que se apaga. Su actuación es, sin duda, uno de los puntos fuertes; aporta una vulnerabilidad y un ingenio que hacen que el espectador conecte rápidamente con su misión suicida hacia la estrella Tau Ceti. El problema reside en un guion de Drew Goddard que estira la trama hasta las dos horas y 36 minutos, volviéndose por momentos redundante. La película intenta equilibrar el thriller de supervivencia con la “buddy movie” intergaláctica, pero cae con frecuencia en fórmulas complacientes que buscan la lágrima fácil.
Entre el asombro visual y el exceso sentimental
Técnicamente, la película es un espectáculo de efectos visuales de primer nivel. La relación de Ryland con Rocky, un alienígena con aspecto de roca y cinco patas, es el núcleo emocional de la cinta. Aunque la comunicación entre ambos está resuelta con ingenio, la traducción de los pensamientos de la criatura termina resultando demasiado “adorable”, casi propia de una comedia de situación. Con un reparto que incluye a una sólida Sandra Hüller, la película se pierde en escenas que aportan poco al ritmo y en un final que se demora en exceso. ‘Proyecto Hail Mary’ gustará a las masas, pero deja la sensación de ser una oportunidad perdida para elevar el género.
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