Flavio Bolsonaro recalcula desde Estados Unidos: corrigió su carta de “presidente electo” a “líder de Brasil” y Donald Trump evitó involucrase
Tras su cinematográfico y misterioso escape de Brasil, con una escala en la Argentina, el candidato derrotado Flavio Bolsonaro aterrizó el miércoles por la mañana en Miami junto con su familia y publicó una extensa carta en la que denunció fraude y se presentó como “el verdadero presidente electo de Brasil”, aunque poco después corrigió la versión y señaló que era “el líder” de ese país, un estatus que complicaría mucho menos su estadía en Estados Unidos y la relación del presidente Donald Trump con el presidente electo Lula.
Antes de partir hacia un acto de campaña en Ohio, el jefe de la Casa Blanca habló sobre Bolsonaro. “Le dimos un salvoconducto para entrar al país, así que veremos, pero no me involucraré”, dijo, distanciándose de los sucesos sobre el ex candidato.
Bolsonaro llegó a las 9.30 del miércoles, hora local, al aeropuerto ejecutivo de Opa-Locka en Miami, con su esposa Fernanda y sus dos hijas. Se lo vio descender del avión Gulfstream G400 -operado por la compañía Baires Fly S.A.-, pero hasta ahora su paradero es desconocido.
Su ingreso al país fue garantizado por el presidente Trump, que había dicho previamente que se les otorgaría una visa, aunque no trascendió de qué tipo de visado se trataba.
Captura de una publicación en la cuenta en X del senador ultraderechista Flávio Bolsonaro. Foto EFEEn una carta inicial que dejó trascender a través de sus allegados en redes sociales, Bolsonaro se dirigió al pueblo brasileño y a la comunidad internacional como el “verdadero presidente electo de Brasil dijo que su intención no había sido abandonar Brasil, pero que “sabía exactamente hacia dónde iban las cosas”.
En su carta, Bolsonaro también tuvo un gesto con el presidente Javier Milei, cuyo gobierno ayudó en la salida del brasileño y su familia, que llegaron por tierra a Puerto Iguazú y abordaron un vuelo desde allí hacia Guayaquil, Quito, con destino final en Miami.
“Ante todo, quisiera agradecer al presidente Javier Milei por su valentía, su sentido de la justicia y de la legalidad, así como al presidente Trump y al maravilloso pueblo estadounidense por recibirme. Esta es una tierra de libertades y de hermanos que comparten los mismos valores que la buena gente de mi país. El presidente Trump es un gran defensor de la libertad de expresión”, escribió.
Pero cuando la novedad ya era la tapa de todos los medios internacionales, Bolsonaro publicó en su cuenta de X una carta similar, pero con un encabezado diferente que cambió dramáticamente su status: ya no presentaba a los brasileños como “el verdadero presidente electo de Brasil” sino como el “líder de Brasil”.
Bolsonaro denunció una “caza de brujas”
Llamó la atención no solo la modificación subrepticia, sino también que figurara Brasil con “Z”, como en inglés, un indicio de que la indicación podría haber provenido desde EE.UU.
El caso Bolsonaro plantea al gobierno de Trump un fuerte dilema. Por un lado, el republicano es amigo personal del patriarca Jair, preso por golpe de Estado en Brasil, y aliado de sus hijos Flavio y Eduardo. Por distintas causas, los tres fueron a Estados Unidos cuando tuvieron problemas en su país. No tiene ningún problema en albergarlo.
Pero con status de “verdadero presidente electo” la situación sería muy diferente. Lula ganó por más de tres puntos y más allá de la controversia por la extensión del horario de votación, no hubo denuncias de irregularidades. Los líderes del mundo, incluidos los rivales ideológicos regionales como los presidentes de Colombia, Chile y Paraguay, y otros salvo Milei, reconocieron a Lula como presidente.
Trump además tiene el mal recuerdo de lo que sucedió en su primera presidencia con el venezolano Juan Guaidó, a quien albergó en su país por años como virtual presidente de Venezuela y no sirvió para nada. Siempre lo cita como un experimento frustrado.
Reconocer a Bolsonaro como presidente o albergarlo como tal complicaría enormemente la relación con Brasil y con Lula en persona. Trump fue muy cuidadoso tras las elecciones. Dijo que las elecciones parecían “amañadas”, que no había tomado partido por ningún candidato y se distanció: “Yo no gobierno Brasil. Yo gobierno Estados Unidos. Me gusta Lula. Me llevo muy bien”.
La llegada de la familila Bolsonaro a Opa-locka, en las afueras de Miami, se produjo tras un vuelo procedente de Argentina con una escala en Ecuador. Foto APAntes de partir de la Casa Blanca rumbo a un acto de campaña en Ohio, Trump contesto a los periodistas sobre Flavio Bolsonaro: “Le dimos un salvoconducto para entrar al país, así que veremos, pero no me involucraré”, dijo. “Fue una elección muy extraña. Pensé que los trataron de manera muy injusta y no tomé una posición sobre la elección, como saben, cuando veo algo que es inapropiado lo menciono”.
Trump no puede darse el lujo de pelearse con la principal potencia regional. Tras un fuerte período de tensión bilateral inicial por la imposición de aranceles, el republicano y Lula fueron bajando gradualmente la confrontación. En octubre de 2025 acordaron iniciar negociaciones y Trump posteriormente retiró el arancel adicional del 40% a productos brasileños como café y carne vacuna.
En mayo de 2026 Lula viajó a Washington y mantuvo unas tres horas de conversaciones con Trump en la Casa Blanca. Lula dijo después que habían dado un paso importante para estabilizar la relación, aunque no eliminó los conflictos con los aranceles y otras áreas como comercio digital y propiedad intelectual.
La tensión subió en la campaña electoral brasileña. El gobierno brasileño y el PT denunciaron que Washington estaba intentando influir en la elección mediante presión económica y política, mientras que el gobierno de Trump rechazó las acusaciones de interferencia.
Pero más allá de la afinidad ideológica con Bolsonaro y la tensión con Lula, EE.UU. sigue siendo el segundo socio comercial de Brasil y una fuente central de inversión, así que hay una relación económica estructural que ninguno de los países puede ignorar.
La carta
“La actuación ilegítima e ilegal del exabogado de Lula permitió que se concretara una imposibilidad matemática y que Lula sumara más de 10 millones de votos entre la primera y la segunda vuelta. Una decisión del STF (Supremo Tribunal Federal), tomada por encima de las atribuciones del TSE (Tribunal Superior Electoral), extendió la votación sobre la hora y la orden llegó recién después de que terminara el horario legal, cuando las urnas ya estaban cerradas. Los electores quedaron sometidos a reglas diferentes. Hasta ahora, el TSE se limitó a defender la prórroga del horario y no dio ni una sola respuesta creíble”, relató Bolsonaro.
Además, denunció “abuso de poder político y económico” durante toda la campaña electoral y el uso del “aparato estatal en favor de la reelección”. “Son hechos graves, expresamente prohibidos por la ley, que justifican la anulación de la fórmula Lula-Alckmin“, enfatizó.
Bolsonaro aseguró a su vez que existió “un plan elaborado de antemano, siete minutos después de ese repugnante fraude electoral“
Por otra parte, Bolsonaro denunció que se intentó llevar a cabo un “golpe de Estado“, habló de “persecución política” contra su familia y dijo que no sometería a su esposa y sus hijas a esa situación. “No era mi intención dejar mi patria, pero sé exactamente adónde va a conducir esto. Es el manual clásico de cualquier golpe de Estado”, dijo.
Destacó que no existe “ninguna orden de arresto” contra él porque, aseguró, “no cometí ningún delito”. “Lo que hay es una caza de brujas por motivos políticos”.
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