Mario Sangüezo: 30 años de minería y un pedido por la Puna

Mario Sangüezo comenzó a trabajar en la minería en 1997, cuando tenía 18 años. Su primer empleo fue como chofer de camiones de la empresa Marcilese, en Mina Tincalayu.
Actualmente trabaja en Manufactura Los Andes, una empresa del grupo Minera Santa Rita. En noviembre cumplirá cinco años en esta nueva etapa laboral, aunque su vínculo con la compañía se remonta a mucho tiempo atrás. “Siempre trabajé anteriormente con Minera Santa Rita. No en lo que es el proceso del material, del mineral, sino en la parte de extracción, que era en Mina Patito”, explicó.
En esa mina permaneció alrededor de diez años. A lo largo de su trayectoria también tuvo un período de aproximadamente cinco años en la ciudad de Salta, donde trabajó en La Veloz del Norte. Sin embargo, el cambio de clima y su vínculo con la cordillera lo llevaron a regresar. “Me fui para Salta, trabajé casi cinco años también en La Veloz Norte. Me enviaron a Quebrachal y la verdad que el cambio de clima es lo que me terminó acobardando. Elegí de nuevo volver a La Puna”, relató.
Sangüezo fue testigo de las transformaciones que atravesó la actividad durante las últimas décadas. Cuando comenzó, la minería tenía menos tecnología, servicios y oportunidades laborales que en la actualidad. “Yo trabajo en minería desde que tengo 18 años y la verdad que es un cambio grandísimo con lo que era antes”, señaló.
Según explicó, durante sus primeros años la extracción estaba concentrada principalmente en el borato y la sal. Con el paso del tiempo, el sector incorporó nuevos proyectos, procesos y herramientas tecnológicas.
“Hay que ir reinventándose, porque con los cambios vienen cosas modernas también. El tema de la tecnología avanzó bastante, sobre todo en el proceso”, dijo.
Para Sangüezo, uno de los aspectos más valiosos de trabajar en la minería es el vínculo que se construye entre los compañeros. “Lo más lindo que destacaría es el compañerismo que se genera en el trabajo”, sostuvo.
A lo largo de los años tuvo la posibilidad de estar al frente de distintos equipos y, según contó, siempre encontró colaboración y respeto entre quienes compartían las jornadas.
“Destaco mucho el trato que sabemos desarrollar cada uno de nosotros allá en la mina. Tratamos de apoyarnos unos a otros, contarnos vivencias y experiencias. La verdad que eso es lo lindo”.
Las tareas en la cordillera pueden ser exigentes y requieren adaptación. El clima, las distancias y los turnos laborales forman parte de las dificultades cotidianas, aunque Sangüezo considera que quienes llegan a la minería lo hacen sabiendo que deben enfrentar esas condiciones. “Creo que el clima es lo más difícil, pero uno ya va mentalizado en que es lo que toca. Tratamos siempre de saberlo sobrellevar”, explicó.
También destacó que en la actualidad las empresas brindan ropa de abrigo, atención médica y asistencia permanente. “Hoy las empresas acompañan muchísimo con la ropa de abrigo, la atención y la salud. Siempre hay médicos y enfermeros”.
En comparación con sus primeros años, observó una mejora significativa: “Antes éramos los obreros, uno o dos medios de movilidad y nada más. La verdad que cambiaron para bien muchas cosas”.
Recordó que, durante mucho tiempo, la minería no era una opción laboral buscada por la mayoría de los jóvenes de la región. “Antes era un trabajo que casi nadie quería. La mayoría elegía venirse a las ciudades a ver qué otras posibilidades podía encontrar”.
La situación cambió con el crecimiento de la actividad y la aparición de nuevos proyectos. Para el trabajador, la minería comenzó a ser vista como una posibilidad concreta de desarrollo profesional y estabilidad.
Su propia experiencia le permitió desarrollarse en la cordillera y construir una trayectoria de casi 30 años. Por eso, considera que el sector puede ofrecer oportunidades importantes, especialmente para quienes viven en las comunidades cercanas a los proyectos.
Mario tiene cuatro hijos. El mayor trabaja como camionero, una de sus hijas está terminando la carrera de Ingeniería y Seguridad, otra se desempeña en el Servicio Penitenciario y el menor estudia Geología en la Universidad de Salta.
Sus hijos crecieron viendo a su padre trabajar lejos de casa. Sangüezo considera que con el tiempo pudieron comprender el esfuerzo que implicó sostener una familia mientras cumplía turnos en la cordillera. “Siempre me conocieron trabajando lejos. Trato de que sepan valorar lo que tienen y de ayudar en lo que se pueda”, afirmó.
Pero uno de los principales planteos de Sangüezo está relacionado con el acceso de los habitantes de la región a los puestos de trabajo que genera la minería.
El trabajador nació en la zona y realizó la escuela primaria en Cobres, un pequeño pueblo ubicado cerca de San Antonio de los Cobres. Luego se trasladó a Salta para completar sus estudios secundarios.
A partir de su experiencia, conoce a muchas personas de la Puna que no tuvieron la posibilidad de continuar estudiando y que hoy buscan una oportunidad.
“Hay mucha gente de aquí que no tuvo la oportunidad de seguir estudiando y hoy buscan un lugar en algún puesto de trabajo”, señaló.
Sangüezo considera que muchas veces las dificultades no están relacionadas únicamente con la falta de capacitación. También existen obstáculos para armar un currículum, acceder a un correo electrónico o trasladarse hasta la ciudad para dejar una postulación.
“Hay gente que sigue en los campos esperando una oportunidad”. Por eso, pidió que las empresas que llegan a la Puna tengan en cuenta a los habitantes locales.

