VIDEO. “Las ofrendas se preparan para recibir a las almas con cariño y respeto”: una tradición que reúne a Villa Primavera

En Villa Primavera, la casa de don Severo Báez vuelve a convertirse en un espacio de encuentro, memoria y espiritualidad. Allí, la familia mantiene una costumbre que se transmite de generación en generación y que cada año reúne a quienes desean recordar a sus seres queridos a través de las oraciones, las ofrendas y la comida compartida.
Desde hace una semana, Rafaela Gaspar, sus familiares y vecinos trabajan en los preparativos de la mesa para el Día de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos. La elaboración es completamente artesanal: se amasa a mano, se cocina con leña y se utiliza el horno de barro para preparar los alimentos y las figuras que luego se colocan en el altar. “Como todos los años, una vez más, un año más recordando a nuestros fieles difuntos, a los seres queridos. Y acá la tradición, la costumbre nunca se pierde”, expresó Rafaela al recibir a quienes se acercaron a conocer los preparativos.
La mujer recordó con emoción a sus familiares fallecidos y, especialmente, a su hermana, cuya pérdida todavía siente profundamente. “Con un grande pesar, con un gran dolor, porque hace poco perdí a mi hermana, pero yo sé que están en el cielo con Diosito y de ahí nos alumbran, de ahí nos iluminan y nos bendicen”, manifestó.
La mesa representa mucho más que una preparación de alimentos. Es el lugar donde la familia espera simbólicamente a las almas de sus seres queridos, pero también a los vecinos, músicos, amigos y conocidos que compartieron distintos momentos de la vida comunitaria. “Todos los esperamos acá, en el Centro Residente, una casa tradicional, una casa que con todo amor y respeto recibe un año a las almitas que vienen del cielo”, contó Rafaela.
Una semana de trabajo artesanal para preparar las ofrendas
La preparación comenzó siete días antes de la celebración. Cada alimento y cada figura requieren tiempo, dedicación y el trabajo conjunto de varias personas. “Requiere tiempo, todo artesanal, todo hecho a leña, al horno de barro. Usted lo que ve ahí, todo se hace a mano, no hay máquina, no hay nada, todo es manual, como hacemos en el campo, como acostumbramos”, explicó Rafaela.
En la mesa se colocan los alimentos y las bebidas que disfrutaban en vida las personas homenajeadas. No faltan la coca, los cigarrillos, el vino, la gaseosa, la cerveza, las frutas, los caramelos, las galletitas, el arroz con leche y el mate cocido.
La comida también ocupa un lugar central. Durante la jornada se prepararon platos tradicionales de la región andina, como choclo, queso, habas y papas andinas. A eso se sumaron una sopa campesina y un picante estofado de pollo con arroz amarillo. “Todo lo que comía el difuntito, la coca, el cigarrillo, su vinito, su gaseosita, su cervecita, la comidita, salado, dulce, la fruta. Hay almitas de angelito, los caramelos, galletitas, el arroz con leche, el mate cocido y así todo lo que se pueda”, detalló.
Para la familia, cada alimento tiene un sentido especial. La mesa se prepara para recibir a las almas con cariño y respeto, como una manera de compartir nuevamente aquello que formaba parte de sus vidas.
Rafaela contó que, de acuerdo con la tradición familiar, las almas llegan durante el Día de Todos los Santos y visitan la casa alrededor del mediodía. “Nosotros decimos con amor y cariño que nos vienen a bendecir la casa, porque ya están con Dios”, expresó.
Las nuevas almas se incorporan al año siguiente
La tradición también establece un tiempo para incorporar a quienes fallecieron recientemente. Según explicó Rafaela, las nuevas almas forman parte de la mesa durante el cabo de año, cuando se cumple un año de su fallecimiento. “Para el año, si Dios nos da vida y salud, eso va a ser el doble, el triple, porque vienen todos los que nos acompañaron, todos los que quieran venir”, señaló.
La explicación está vinculada con una creencia transmitida de generación en generación. Según contó, las almas necesitan atravesar un largo camino antes de llegar a su destino. “Dicen que tienen que pasar el cielo, el río, el mar y todo, y llegan hasta allá. Hay tantas almitas que hay, hasta que ellos reciban a San Pedro, nuestro Señor. La creencia dice que demoran en llegar y después vuelven al año”, relató.
Por eso, la familia espera que la mesa del próximo año sea todavía más abundante y pueda recibir a quienes partieron durante este período.
La celebración también incluye el recuerdo de músicos, vecinos, familiares y amigos que solían participar de las reuniones. Muchos de ellos compartían canciones, bailes y encuentros en esa misma casa, por lo que sus nombres y sus recuerdos también están presentes en las ofrendas.
Rezos, velas y señales durante la noche
Uno de los momentos centrales de la celebración será el rosario previsto para este 1 de noviembre a las 20. La familia invitó a los vecinos y a todas las personas que quieran acercarse a rezar por sus seres queridos y también por las almas olvidadas.
Quienes no puedan asistir tendrán la posibilidad de escribir los nombres de sus difuntos en un papel y dejarlo en el altar para que sean incluidos en las oraciones.
“Hoy a las 20 vamos a rezar el rosario para las almitas, a las almas olvidadas también. Y aquellas personas que no pueden venir a participar pueden anotar en un papelito y dejar acá en el altar los nombres de sus seres queridos”, explicó Rafaela.
Después del rezo, la familia dejará las velas encendidas y se retirará a otro sector de la vivienda. Ese momento de silencio es parte del ritual y permite, según la creencia, que las almas puedan encontrarse y compartir la mesa.
Rafaela contó que durante la madrugada algunas señales son interpretadas como indicios de su llegada o de su partida. “Ese ventito, cómo mueven las velas, apagan las velas, dice que las almitas ya están llegando. Algunas ya llegaron. Entonces, escuchar ruido, murmullos, o hacen caer una silla, o simplemente la puerta se abre, se cierra. Me digo: algunos están llegando, otros se están yendo”, relató.
La música también tendrá su lugar. La familia prepara bombos, guitarras y un bandoneón para recordar a quienes disfrutaban de cantar y tocar instrumentos. Entre los homenajeados hay músicos que frecuentaban la casa y que, según Rafaela, también regresan simbólicamente en estas jornadas. La mujer reconoció que el momento de los rezos y el encuentro con los recuerdos genera emociones profundas. Sin embargo, también representa una oportunidad para renovar las fuerzas. “Se emociona y da alegría. Cuando vos realizás todo esto y esperás, te sentís con más ganas de vivir, más ganas de ser, más ganas de seguir adelante”, expresó.
Visitas a los cementerios y reparto de las ofrendas
Este 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos, Rafaela y sus familiares recorrerán los cementerios para homenajear a quienes descansan allí.
Primero visitarán el cementerio de Villa Mitre y luego se trasladarán al cementerio de Santa Teresa, donde descansan su marido, una de sus hijas y otros seres queridos.
En ambos lugares realizarán oraciones y un responso. Después regresarán a la vivienda de Villa Primavera para comenzar, desde las 19, con el reparto de las preparaciones.
La familia tiene previsto compartir los alimentos con los chicos del merendero, el comedor, vecinos, abuelos y todas las personas que se acerquen. “Todo lo que usted ve, todo lo que se llega, a los chicos, a los del merendero, comedor, vecinos, todo lo que quieran llegar. Todos los que vengan a rezar a la noche, mañana serán bien recibidos para poder repartir a todos”, manifestó Rafaela.
Entre las figuras elaboradas para la mesa se encuentran pequeños panes con forma de almas, escaleras que representan el camino para que puedan bajar y regresar, cruces y distintas representaciones de animales. “Estos panecitos representan a la almita, la escalera representa para que bajen y suban las almas, ahí está la cruz para rezar, la Cruz Mayor. Tienen muchas almitas, varones, mujeres, palomitas, chanchitos, ovejitas, todo lo que comía el finadito”, explicó.
Una tradición que reúne a quienes emigraron del interior
La casa de Villa Primavera también se convirtió en un punto de encuentro para familias que llegaron a la ciudad desde distintos pueblos de Salta, pero que conservaron sus costumbres y prácticas culturales.
Durante los días previos, la vivienda recibió a niños, estudiantes de antropología, vecinos y representantes de diferentes comunidades. También llegaron personas desde Cafayate, la Cárcel del Toro, Santa Victoria Oeste y otros lugares del interior provincial.
Rafaela destacó especialmente la participación de quienes se acercaron para conocer y aprender sobre estas prácticas. “Ayer estábamos colmados de niños, anteayer colmados de niños. Vinieron chicos de antropología, algunos que quieren venir a aprender. Vinieron un montón”, contó.
También agradeció a las personas de los pueblos originarios y a quienes colaboraron con las tareas de preparación. “La verdad que es una maravilla. Acá nosotros, en este lugarcito, nos juntamos todos los que emigramos del Pago Chico y venimos a esta enorme ciudad, pero nunca abandonamos nuestras costumbres, nuestras tradiciones, con todo respeto”, expresó.
La colaboración de familiares, mujeres, hijos, nueras, yernos, nietos, bisnietos y vecinos fue fundamental para completar los preparativos. “Quiero agradecer a mis mujeres, a mis hijos, a mis hijas, a mis nueras, a mis yernos, a mis nietos, a mis bisnietos, a mis vecinos, a todos los compleros que me han venido a ayudar ayer, anteayer”, manifestó.
Arrope, anchi y sabores que vienen del campo
Entre las preparaciones tradicionales también se encuentran el anchi, el arrope y el anchi de chicha, conocido en el campo como helado campesino.
Durante la visita, don Villalobos, músico andino, quenchero y anatero de San Felipe, en Santa Victoria Oeste, colaboró con la elaboración de la masa para las ofrendas.
El hombre explicó que la preparación comienza con agua caliente, sal y margarina o grasa. Luego se incorpora la harina y se trabaja la masa hasta conseguir una consistencia blanda que permita darle forma. “Primero el agua caliente, agüita con sal y margarina, o grasa, o como sea. Eso depende de la cantidad de harina que se va a preparar. Tienen que sobarla hasta que quede blandita. Así, por ejemplo, esta ya está blandita y está lista para darle forma”, explicó.
Villalobos también destacó que estas prácticas forman parte de las costumbres que conservan en su lugar de origen y que continúan compartiendo con otras familias. “Estamos colaborando a la familia Báez y así lo hacemos siempre, como nosotros acostumbramos en nuestro pago y en el lugar de ellos también”, señaló.
Otra de las preparaciones es el arrope, elaborado a partir del jugo que se obtiene de la harina de maíz. Su cocción requiere varias horas y debe realizarse con paciencia, primero a fuego fuerte y luego reduciendo la intensidad hasta conseguir una consistencia espesa y un color similar al dulce de leche.
También se prepara el anchi de chicha, al que en el campo llaman helado campesino. Puede servirse acompañado con arrope o chocolate y es uno de los sabores que forman parte de la alimentación tradicional de las comunidades del interior.
Rafaela destacó sus propiedades y recordó que son alimentos que forman parte de las costumbres familiares desde hace generaciones. “Es sano, nutritivo, alimenticio y no daña. También para los niños, para que se nutran bien, porque eso nos daban nuestros padres: la mazamorra, el anchi con arrope, la harina cocida con leche y tantas cosas que en el campo nos alimentan”, expresó.
Una invitación para mantener vivas las costumbres
Al finalizar, Rafaela volvió a invitar a los vecinos y visitantes a participar de las actividades y agradeció a quienes acompañan a la familia cada año.
Para este 1 de noviembre, el encuentro está previsto desde las 20, en la casa ubicada en Villa Primavera, entre José Chenique al 1074, Coronel Vidt y Monje Ortega. Allí se realizará el rosario por los seres queridos y las almas olvidadas.
Mañana, 2 de noviembre, continuará el homenaje con las visitas a los cementerios y, desde las 19, el reparto de las comidas y ofrendas entre quienes se acerquen. “Una oración siempre va adelante. A las almitas las alimenta y a nosotros, no sé, nos fortalece”, expresó Rafaela al reiterar la invitación.
Por su parte, don Villalobos dejó un mensaje para que estas prácticas continúen transmitiéndose a las nuevas generaciones: “Que vengan todas las almitas aquí a la casa de doña Rafaela, como siempre lo hacen, que vienen a cantar y a bailar. Y bueno, que sigamos esto adelante, que no se pierdan las costumbres”.
Entre rezos, velas, música y sabores del campo, la familia Báez vuelve a abrir las puertas de su casa para recibir a las almas y a la comunidad. Una celebración en la que el recuerdo de quienes ya partieron se transforma en encuentro, solidaridad y continuidad de una tradición que sigue viva en Villa Primavera.

