Día de los Fieles Difuntos: una tradición de ofrendas y recuerdos que perdura en la casa de Doña Gladis
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Día de los Fieles Difuntos: una tradición de ofrendas y recuerdos que perdura en la casa de Doña Gladis


Cada año, cuando se acerca el Dia de las Almas, la casa de doña Gladis comienza a prepararse para una fecha muy especial. Las masas, las flores, las coronas y los alimentos forman parte de un ritual que aprendió durante su infancia y que, con el paso de los años convirtió es una de las tradiciones mas importantes de su familia. A sus 65 años, esta vecina de Villa los Álamos, en cerrillos continúa realizando los preparativos junto a sus hijos para recibir a las almas de sus seres queridos.

Lo que hace Gladis en el Día de los Fieles Difuntos, se replica en muchos hogares salteños y pasa de generación en generación.

Una tradición aprendida en familia

Para Gladis, la historia de esta costumbre comenzó cuando todavía vivía en San Antonio. De niña observaba como sus abuelos, tíos y tías preparaban la mesa para los difuntos, elaboraban las masas y confeccionaban las coronas. También recuerda las jornadas en las que sus familiares horneaban las ofrendas. Entre esas imágenes de su infancia fue aprendiendo cada detalle de una tradición que nunca abandono. En 1978 llego a Cerrillos junto a su entonces esposo, pero dejo atrás su lugar de origen sin dejar de lado aquellas enseñanzas.

Con el tiempo, Gladis transmitió esos conocimientos a sus hijos y a sus nietos. Actualmente, sus hijas la acompañan en los preparativos y sus hijos también colaboran con las compras y con todo lo necesario para que la celebración pueda realizarse cada año.

Uno de los momentos centrales de esta tradición es el armado de la mesa de ofrendas. Allí se colocan las fotografías de los familiares fallecidos y aquellos alimentos y productos que disfrutaban en vida. Las comidas, las bebidas, las golosinas, los cigarros, la coca, la chicha y el vino son algunos de los elementos que no pueden faltar. Cada objeto tiene un sentido particular y forma parte de la manera en que la familia recuerda a sus seres queridos.

Las masas y sus significados

Pero hay otros elementos que requieren una preparación especial: las tradicionales masas de ofrenda. Se elaboran el 31 de octubre y cada figura tiene un significado. Las letras representan la inicial del difunto; las escaleras simbolizan el camino por el que las almas bajan del cielo; mientras que las figuras de animales, como llamas, perros y quirquinchos, también forman parte de estas preparaciones. A ellas se suman las cruces y otras representaciones que completan la mesa.

Las coronas de flores son otro de los elementos fundamentales. Su elaboración comienza varios días antes y se realizan con dedicación para cada uno de los difuntos. Gladis recuerda que aprendió a confeccionarlas observando a sus tíos y primos.

Los colores de las flores tampoco son elegidas al azar. Según la costumbre que conserva su familia, las coronas con tonos mas alegres se destinan a las almas de personas que fallecieron hace años; las flores claras, como celeste y blanca, se utilizan para los niños, mientras que las de color negro corresponde a las almas fallecidas recientemente

Una costumbre que continúa

Para Gladis, cada preparación representa mucho más que cumplir con una costumbre. Es una manera de recordar a quienes ya no están y de mantener el vínculo familiar a través de una tradición que recibió de sus mayores. Por eso, una de sus mayores satisfacciones es saber que sus hijos aprendieron a continuarla.

“Cuando preparo siento que ya cumplí con mis almas, con enseñarles a mis hijos y nietos”, expresa al recordar el significado que tiene esta celebración para ella. También asegura que la llegada de las almas es un día muy especial para toda su familia y que le gusta preparar la casa para que las almitas puedan disfrutar y llegar.

Su deseo es que esta práctica no se pierda cuando ella ya no este. Le alegra ver que sus hijos participan y se ocupan de las compras y de los preparativos, por que entiende que las enseñanzas que les transmitió desde pequeños comienzan a dar frutos.

Finalmente, Gladis deja un mensaje para aquellas personas que alguna vez realizaron esta tradición y dejaron de hacerlo por vergüenza o por otros motivos: “que vuelvan a practicarla y no la abandonen”. Para ella, preparar la mesa de ofrendas es una expresión de respeto y cariño hacia cada familiar difunto.

Así, entre recuerdos de infancia, masas, flores y preparativos compartidos, doña Gladis mantiene viva una tradición que atraviesa generaciones. Una costumbre que aprendió de sus abuelos y tíos y que hoy espera que sus hijos y nietos continúen transmitiendo.

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