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Cisne de oro: el documental que narra el secuestro del hermano de Anette Ostro

La historia de “Cisne de oro” se remonta a mediados de los noventa, cuando Hans Christian Ostrø viajó a la India buscando crecimiento artístico. Sin embargo, su viaje terminó en tragedia al ser secuestrado por el grupo militante al-Faran en Cachemira. Durante las cinco semanas que duró su cautiverio, Hans escribió en secreto cartas y poemas dirigidos a su hermana Anette, textos que fueron hallados en su cuerpo tras su ejecución y que hoy sirven como base emocional para este desgarrador filme que se presenta en el 28º Festival Internacional de Documentales de Tesalónica.

Para la directora, este proyecto es el cierre de un ciclo vital que comenzó cuando solo tenía 25 años. “No estoy segura de que hubiera llegado a ser cineasta si no fuera por este suceso”, afirma Ostrø. El documental no solo funciona como una investigación sobre los hechos apoyada en el trabajo de los periodistas británicos Adrian Levy y Cathy Scott-Clark, sino como una reflexión sobre la humanidad en tiempos de odio, destacando la decisión de su hermano de reconocer la humanidad en su enemigo a pesar del miedo.

Un legado contra el odio y el terrorismo

Anette Ostrø sitúa la tragedia personal de su hermano en el marco más amplio del nacimiento del terrorismo global contemporáneo. El documental explora cómo aquel suceso en Cachemira fue uno de los catalizadores de una polarización mundial que persiste en este 2026. A través de una coproducción que une a Noruega, Dinamarca, Países Bajos y Suecia, la película busca que el legado de Hans Christian inspire a las nuevas generaciones a no ceder al rencor, incluso en las circunstancias más extremas de violencia política.

Estreno y recorrido internacional

Tras su estreno mundial en Tesalónica, se espera que “Cisne de oro” recorra los principales festivales de cine documental europeos antes de su llegada a las plataformas. La cinta ha despertado un gran interés por su acceso exclusivo a los materiales personales de la víctima y por la honestidad con la que la directora aborda su propio trauma familiar. La crítica ya la sitúa como una de las piezas testimoniales más potentes de la temporada, destacando su capacidad para transformar una noticia de crónica negra en una elegía poética y necesaria para entender el mundo actual.

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