La comedia que desmonta la misoginia digital llega a Filmin
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La comedia que desmonta la misoginia digital llega a Filmin

La nueva sensación televisiva llegada del norte de Europa se adentra en uno de los fenómenos más inquietantes de la última década: el crecimiento de comunidades digitales articuladas en torno al resentimiento hacia las mujeres. Un hombre mejor no opta por el tono sombrío ni por el dramatismo explícito, sino por una comedia incómoda que obliga al espectador a reírse mientras reflexiona.

El germen de la serie se remonta a 2011. Tras la masacre de Utøya perpetrada por Anders Behring Breivik, Thomas Torjussen detectó en el manifiesto del terrorista un hilo conductor: un profundo odio al feminismo y a las mujeres. Años después, investigando otros movimientos radicales, volvió a encontrarse con el mismo patrón. Ese resentimiento transversal cristaliza ahora en su protagonista, Tom Halstenssen.

Tom es el arquetipo del ‘incel’ contemporáneo: vive con su madre, trabaja en su tienda de ropa femenina y vuelca su frustración en foros y redes sociales, donde acosa de forma anónima a una humorista feminista de éxito. El punto de inflexión llega cuando su identidad es revelada y pasa de agresor virtual a blanco de la indignación pública.

Del anonimato al espejo

Acorralado por la exposición mediática, Tom recurre a una solución tan absurda como reveladora: ocultarse bajo la ropa de mujer que vende en el negocio familiar. Ese disfraz forzado funciona como detonante narrativo. La experiencia de moverse por el mundo desde una identidad femenina —aunque sea impostada— le confronta con prejuicios y dinámicas que hasta entonces despreciaba o negaba.

La serie juega con esa inversión de roles para cuestionar la lógica del odio digital. No busca justificar la misoginia, sino explorar de dónde nace y cómo se alimenta en entornos virtuales que amplifican el resentimiento.

El papel principal recae en Anders Baasmo, un actor habitual del audiovisual noruego que aporta matices a un personaje potencialmente detestable. Su interpretación evita la caricatura plana: detrás del troll hay vulnerabilidad, inseguridad y una incapacidad emocional que la serie examina sin complacencia.

 

Lejos de sermonear, Torjussen opta por la ironía. El creador defiende que la comedia permite abordar discursos extremistas sin glorificarlos ni convertirlos en espectáculo morboso. En un contexto donde las narrativas de odio crecen con rapidez y saltan del margen a la corriente principal, la sátira se convierte en una vía para desactivar su atractivo.

Un hombre mejor dialoga así con otras producciones recientes centradas en la radicalización online, aunque mantiene un tono más luminoso y accesible. Su planteamiento no está pensado únicamente para adultos; el propio autor subraya que las nuevas generaciones ya consumen contenidos mucho más duros en redes y que ofrecerles relatos que problematizan estos discursos puede resultar más útil que intentar ocultarlos.

Un fenómeno europeo

Un hombre mejor. / Filmin.
Un hombre mejor. / Filmin.

Tras su paso por festivales y su reconocimiento en Canneseries, la llegada a Filmin confirma el interés internacional por ficciones que analizan el impacto de internet en la construcción de identidades y conflictos contemporáneos.

La serie no ofrece soluciones simples ni redenciones milagrosas, pero sí propone algo poco habitual: sustituir la cancelación automática por la posibilidad de diálogo. En esa tensión entre confrontación y escucha reside buena parte de su fuerza.

Con Un hombre mejor, la televisión nórdica vuelve a demostrar su capacidad para convertir asuntos incómodos en relatos inteligentes y provocadores. Y recuerda que, en la era digital, el odio puede viralizarse en segundos, pero también puede desmontarse con una historia bien contada. @mundiario

 

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