A 25 años del 11-S: Osama Bin Laden, el misterioso y temible rostro detrás del horror
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A 25 años del 11-S: Osama Bin Laden, el misterioso y temible rostro detrás del horror

Intrigante. Seductor. Escurridizo. Siniestro. Un prestidigitador exquisito que lideró una máquina de matar. Un ingeniero del horror que desde las sombras manejó un poder incalculable y dirigió la organización terrorista que irrumpió en el escenario global con el golpe aterrador del 11 de septiembre de 2001. Osama Bin Laden es, para algunos, el rostro de Al Qaeda y el responsable de la matanza de más de 3.000 personas en el corazón de las finanzas y el dominio económico mundial. Para otros, un hábil negociador que supo vincularse con los líderes de las grandes potencias antes de transformarse en la imagen del Mal.

Convertido en leyenda desde mucho antes de su muerte en un operativo cinematográfico de las fuerzas de Estados Unidos en Pakistán en 2011, Bin Laden es un personaje inevitable al evocar los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, que marcaron con sangre el comienzo vertiginoso del siglo XXI.

Antes de ganarse el título del hombre más buscado, temido y odiado por Estados Unidos, fue una suerte de líder ideológico, un guía que indicaba el camino a seguir, de acuerdo con varios analistas que han estudiado su legado.

Según señaló el experto en el Islam y en terrorismo Marwan Abou Taam, en una nota publicada por la cadena Deutche Welle en 2010, Bin Laden era “uno de los oradores más brillantes del idioma árabe”. El académico, que analizó durante años sus mensajes y textos, remarcó que desde los años 80 Bin Laden era, en círculos islámicos y dentro de la red terrorista de Al Qaeda, “un mito inmortal”. Una voz potente que influyó con inmensa fuerza en la juventud, que veía en él a “una especie de héroe, un salvador”.

Llegó a ser acusado de todo tipo de atrocidades, pero quienes lo conocieron lo describían como una persona respetable, educada y hospitalaria con los extraños.

El edificio donde se ocultaba y donde fue abatido Osama Bin Laden el 2 de mayo de 2011, en Abbottabad, Pakistán. Foto: AFP

Sus partidarios no lo veían como un terrorista sino como un luchador por la libertad, que se enfrentaba a Estados Unidos y a Israel.

Del lujo a las armas

Osama bin Muhammad bin Awad bin Laden nació en Riad en 1957 y según los registros era el 17° de los 52 hijos del yemení Mohamed bin Laden, un magnate de la construcción responsable de las obras de casi el 80% de las rutas en Arabia Saudita. Su madre era siria.

Creció acostumbrado a los lujos de una familia multimillonaria. Se lo ha visto en fotos de antiguas vacaciones vestido con ropa exclusiva a la moda europea.

Mientras estudiaba ingeniería civil en la Universidad Rey Abdul Aziz, en la ciudad saudita de Yeddah, Bin Laden entró en contacto con profesores y estudiantes de la rama más conservadora del Islam y se unió a los Hermanos Musulmanes.

A través del estudio y del debate teológico, abrazó el fundamentalismo como un baluarte contra lo que consideraba la decadencia de Occidente.

Pero fue la invasión de la Unión Soviética a Afganistán, en 1979, lo que llevó a su radicalización más profunda.

Bin Laden abandonó su vida cómoda, tomó las armas y se unió a los mujahidines en su guerra santa contra el comunismo. Durante una década, aprovechó equipos de construcción del negocio de su familia para ayudar a las fuerzas guerrilleras musulmanas a construir refugios, túneles y rutas a través de las escarpadas montañas de Afganistán. A veces, además, participaba en alguna batalla.

En esa época, abrió una especie de casa de huéspedes en Pakistán, cerca de la frontera con Afganistán, donde recibía a quienes llegaban para unirse a la resistencia contra los soviéticos. Así, en 1988 surgió al-Qaeda, “la base”, en árabe.

Un puesto de diarios en Lahore, Pakistán, el 3 de mayo de 2011, un día después de la muerte de Bin Laden en un operativo de Estados Unidos. Foto: AFP

En las últimas décadas, expertos en inteligencia han deslizado que la CIA estadounidense tuvo un papel activo aportando armas y entrenamiento a los mujahidines, incluyendo al propio Bin Laden.

Pero cuando terminó la guerra en Afganistán, el guerrero saudita dio un giro rotundo.

Después de la derrota soviética los “árabes afganos”, como llamaban a la facción de Bin Laden, esperaban un recibimiento con pompa al regresar a casa. Pero sus logros no fueron reconocidos como esperaba. Desilusionado y en cólera, Osama se dedicó a trabajar en la empresa constructora de su familia, Saudi Binladin Group.

En agosto de 1990, tras la invasión iraquí de Kuwait, las tropas estadounidenses llegaron a Arabia Saudita. Según los informes, Bin Laden se indignó por el recibimiento de Riad a los militares enviados por George Bush (padre), cuando él mismo había sido relegado tras su campaña contra el comunismo.

Comenzó entonces a atacar a Estados Unidos por su presencia cerca de los lugares sagrados musulmanes de La Meca y Medina.

En 1991, enfrentado con régimen saudita, Bin Laden fue expulsado del país. Se mudó a Sudán, donde pasó los siguientes cinco años y destinó gran parte de su fortuna para apoyar varios proyectos que tenían como objetivo imponer un gobierno islámico en ese país africano.

Estados Unidos presionó a Sudán para que lo expulsara, lo que precipitó su retorno a Afganistán, donde sus posturas se radicalizaron aún más.

A mediados de la década de 1990, llamó a luchar contra los estadounidenses y los judíos. En 1997, en su primera entrevista con los medios occidentales, Bin Laden dijo a la cadena CNN que Washington era “injusto, criminal y tiránico”.

Barack Obama y parte de su equipo siguen en tiempo real el operativo que terminaría con la vida de Osama Bin Laden, en mayo de 2011.

La guerra santa contra Estados Unidos

En 1998 hizo pública su famosa fatwa o edicto islámico en que le declaró la guerra a Estados Unidos.

Ese mismo año, los atentados contra las embajadas estadounidenses de Kenia y Tanzania dejaron más de 200 muertos y miles de heridos. Aunque Bin Laden nunca se declaró responsable, muchos de los detenidos por los ataques dieron su nombre como alguien que los había apoyado.

Pronto fue incluido en la lista de los “más buscados” del FBI y se ofreció una recompensa de 25 millones de dólares por su cabeza.

El líder de Al Qaeda también fue acusado del atentado contra el buque estadounidense “Cole” en Yemen en octubre de 2000. Pero fueron los ataques del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos los que lo catapultaron como el hombre más buscado del planeta. Las imágenes del derrumbe del World Trade Center en Nueva York dieron vuelta al mundo. Cerca de 3.000 personas murieron cuando dos aviones secuestrados por un comando de Al Qaeda los estrellaron contra las torres. Otro avión impactó en el Pentágono, en las afueras de Washington.

Estados Unidos, bajo el mando de George W. Bush, declaró “la guerra al terrorismo”: el ejército y los servicios secretos se lanzaron a la caza de los instigadores de esos atentados terroristas sin precedentes. Pero sobre todo pusieron en la mira a Osama bin Laden. Capturarlo o matarlo fue una prioridad del presidente Bush y de su sucesor, Barack Obama.

El final

Pasarían casi diez años hasta que el entonces presidente Obama anunció: “Estados Unidos ha llevado a cabo una operación en la que ha muerto el líder de Al Qaeda, Osama bin Laden”.

Fue el 2 de mayo de 2011. En las primeras horas de la mañana -la tarde del domingo 1° de mayo en Estados Unidos-, un grupo de militares estadounidenses, incluidos los Navy Seals, atacó un edificio amurallado y fortificado en Abbottabad, Pakistán, donde se ocultaba el escurridizo Bin Laden. En el tiroteo que siguió al asalto, el hombre más buscado del planeta fue abatido, junto con otras cuatro personas que estaban con él. Según los informes, el líder de Al Qaeda murió por una herida de bala en la cabeza.

La misión, planificada durante meses bajo estricto secreto y delicadas tareas de inteligencia, se realizó a espaldas de las autoridades civiles y militares paquistaníes, según la versión conocida en esos días. Pero los detalles son vidriosos y desde entonces también han surgido contradicciones y especulaciones sobre lo que ocurrió allí. Tampoco está claro el rol de su familia y los más de 20 hijos que habría tenido con al menos 9 esposas.

Nadie vio nunca imágenes de Bin Laden muerto. Tampoco de la supuesta ceremonia musulmana sobre el portaaviones USS Carl Vinson de la Marina estadounidense, desde donde habría sido lanzado al mar Arábigo.

El entonces asesor de seguridad del gobierno de Obama, John Brennan, informó el mismo 2 de mayo que Bin Laden había sido “enterrado en el mar a las 24 horas de fallecer, respetando las tradiciones islámicas y tras consultar a expertos”. Hasta hoy sobrevuelan las dudas sobre su destino final. Allí tal vez reside la extraña fascinación que este personaje sigue generando.

Carolina Brunstein

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