De botellas a pasajes: el innovador sistema que nació en 2018 y hoy transforma el transporte con reciclaje

En 2018, la ciudad de Surabaya, en Indonesia, lanzó una idea tan simple como revolucionaria: permitir que los pasajeros paguen el colectivo con botellas de plástico. La iniciativa buscaba enfrentar un problema crítico en el país, uno de los mayores contaminantes por residuos plásticos del mundo.
El sistema funcionaba de manera directa: los usuarios podían entregar botellas o vasos plásticos en las terminales —o incluso dentro del propio colectivo— y recibir a cambio un boleto. Un viaje de dos horas, por ejemplo, podía costar hasta cinco botellas o diez vasos descartables, dependiendo del tamaño.
La propuesta no solo incentivó el uso del transporte público, sino que también logró un fuerte impacto ambiental. Cada colectivo llegó a recolectar cientos de kilos de plástico por día, que luego eran clasificados y vendidos a empresas recicladoras. Con esos ingresos, se financiaba parte del sistema de transporte y proyectos urbanos sostenibles.
Con el tiempo, la iniciativa evolucionó. El modelo inicial de canje directo fue dando lugar a sistemas más organizados, donde los residuos se transforman en crédito o beneficios, integrándose a esquemas más amplios de reciclaje urbano. En paralelo, distintas ciudades comenzaron a incorporar tecnologías de pago digital y sistemas virtuales que conviven con estas prácticas sustentables.
Hoy, la idea de “pagar con plástico” ya no es solo una curiosidad: se convirtió en un símbolo de cómo las ciudades pueden repensar el transporte y el consumo. El concepto mutó desde un simple intercambio de botellas por boletos a una lógica más amplia, donde reciclar también puede traducirse en movilidad y beneficios económicos.
El caso de Surabaya sigue siendo un ejemplo global de innovación ambiental, en un contexto donde el desafío de reducir los residuos plásticos es cada vez más urgente.

