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“El desarrollo minero no está siendo inclusivo y la gente de la Puna lo siente”

El exsenador por el departamento Los Andes, Leopoldo Salva, sostiene una postura clara: la minería es una oportunidad histórica para la Puna salteña, pero su impacto real actual dista de las expectativas generadas en San Antonio de los Cobres y en las comunidades indígenas. Desocupación, falta de capacitación, retroceso de proveedores locales y una infraestructura colapsada forman parte de un diagnóstico que enciende luces amarillas.

Usted es un defensor de la minería. ¿Qué está pasando hoy en San Antonio de los Cobres?

Nosotros siempre hemos apoyado la actividad minera, siempre trabajamos para que se desarrolle porque creemos que es muy buena. Pero hoy, cuando uno habla con los vecinos, la realidad genera preocupación. Yo vivo en San Antonio, la gente me conoce, me golpea la puerta de mi casa para dejar su currículum, y lo que estamos viendo en el último tiempo es mucha desocupación. Muchísimos vecinos que en algún momento trabajaron en la actividad y hoy quedaron afuera. Hay distintos casos: algunos perdieron licitaciones de servicios que venían prestando, otros quedaron sin trabajo porque terminó la etapa de construcción de los proyectos, y otros directamente no tienen la capacitación que hoy se exige en la actividad. Entonces, el impacto que creíamos que iba a tener la minería en San Antonio no se está dando como esperábamos.

¿Esa situación también alcanza a los proveedores locales?

Sí, claramente. Los proveedores dicen lo mismo. Muchos han perdido licitaciones porque compiten con empresas más grandes, que ofrecen mejor tecnología o tienen más capacidad de inversión. Incluso hay empresas que se asocian entre sí y logran una escala que los pequeños no pueden alcanzar. Entonces los proveedores locales quedan relegados o con trabajos mínimos. Eso también genera frustración porque eran parte de la expectativa de desarrollo.

¿Cuándo ubica el inicio de este proceso de expansión minera?

El boom fuerte comenzó entre 2019 y 2020. Antes ya había actividad, pero era algo mínimo. Lo que pasa es que los proyectos mineros llevan muchísimos años: estudios ambientales, prospección, cuantificación de recursos, financiamiento; son procesos que pueden tardar hasta 20 años. Recién después de todo eso se empieza a construir y producir. En ese momento, cuando comenzó la inversión fuerte, hubo mucha toma de mano de obra local.

¿Y qué pasó con ese empleo?

Hoy hay entre 5.000 y 6.000 personas trabajando en la actividad minera en la zona. Pero si uno mira nuestra población, que ronda los 10.000 habitantes, hay un dato preocupante: según lo que venimos relevando, unas 500 personas que trabajaron en minería hoy están desocupadas. Es gente de San Antonio que quedó afuera.

¿Se puede explicar esto por el cambio de etapa de los proyectos?

En parte sí, porque ya no estamos en la etapa de construcción sino en otras fases. Pero también hay un problema estructural que es la capacitación. Nos falta formación. Y eso es una debilidad tanto nuestra como del Estado. Las empresas necesitan gente preparada y muchas veces no la tenemos. Pero también digo algo: las empresas no están cumpliendo del todo con su responsabilidad social en la capacitación. Algunas lo hacen, pero otras no. Buscan directamente gente capacitada o con experiencia, y el resto queda afuera. Eso es grave, porque deja sin oportunidades a muchos jóvenes.

Usted gestionó la llegada de carreras universitarias a la zona, pero pide la presencialidad como algo necesario…

Sí, venimos trabajando para que la Universidad Nacional de Salta tenga una presencia real en San Antonio. Se aprobó un proyecto para que se dicte de manera presencial la carrera de técnico electromecánico, que es muy demandada por las empresas mineras. Esa modalidad (presencial) es algo fundamental, pero los tiempos son lentos, hay mucha burocracia y también falta de recursos por el ajuste que se le viene haciendo a la Educación Superior. De todos modos, creemos que es clave avanzar en eso.

¿Cómo están viviendo este proceso las comunidades indígenas de la Puna?

Con desilusión. No es lo que esperábamos. Creíamos que la minería iba a ser más inclusiva. Que nuestra gente, nuestros pobladores, iban a ser los primeros en trabajar. Ese ´primer anillo´  local no se está dando. Viene mucha gente de afuera. Y a veces ni siquiera están más capacitados que los nuestros. Entonces la expectativa empieza a caer. Uno ve a los vecinos perder la esperanza. Las comunidades ven pasar los camiones, las camionetas de las empresas, pero sienten que no participan de ese desarrollo.

¿Eso puede derivar en conflictos?

Sí, si no se corrige, puede generar reclamos fuertes. Porque la gente no está pidiendo nada regalado: pide trabajo, oportunidades, poder desarrollarse. Si la minería no logra ser inclusiva, eso se va a sentir cada vez más.

También hay críticas a la infraestructura…

Es una falla enorme. La ruta nacional 51, que es clave para la actividad y forma parte del corredor bioceánico, está en malas condiciones. Tiene mucho tránsito y no da abasto. Las obras avanzan lento o se paralizan. Por ejemplo, hubo tramos donde se frenó el trabajo por falta de pago. Eso es grave, porque el boom minero es hoy, no dentro de diez años. Y la infraestructura del Gobierno nacionalno acompaña.

¿Y en materia social? Salud, educación…

También estamos en deuda. El hospital debería tener mejores profesionales, más insumos, más medicamentos. En educación pasa lo mismo: falta oferta, falta presencia del Estado. Nosotros teníamos otra expectativa, pensábamos que todo esto iba a mejorar con la minería, pero no está pasando como creíamos.

Para cerrar, ¿qué hace falta para cambiar este escenario?

Hace falta decisión para que el desarrollo sea realmente inclusivo. Que nuestras comunidades tengan prioridad, que se capacite a nuestra gente, que se fortalezca a los proveedores locales. La minería puede ser una gran oportunidad, pero solo si todos participan y se benefician. Si no, queda como algo que pasa por delante nuestro y no nos deja nada. Y eso, claramente, no es el desarrollo que queremos para la Puna.

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