El Gobierno impulsa la venta de medicamentos fuera de farmacias y crece la tensión con el sector farmacéutico
El Gobierno nacional avanza con un nuevo esquema de desregulación que busca modificar las condiciones de comercialización de medicamentos de venta libre en Argentina. La iniciativa permitiría que analgésicos, antiácidos y otros productos OTC puedan venderse en supermercados, kioscos y distintos comercios, además de ampliar las modalidades de venta online.
El plan es impulsado por el Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado, encabezado por Federico Sturzenegger, y contempla modificaciones sobre el decreto-ley 17.565, normativa que regula desde hace décadas el funcionamiento de las farmacias.
Actualmente, los medicamentos solo pueden comercializarse en farmacias habilitadas y bajo supervisión farmacéutica. El proyecto oficial apunta a flexibilizar ese esquema para permitir la exhibición directa de productos de venta libre en góndolas comerciales, replicando modelos ya implementados en otros países.
La discusión se da en un contexto de fuerte crecimiento del mercado OTC. Según datos difundidos por entidades del sector, los medicamentos de venta libre representan una porción millonaria del negocio farmacéutico argentino.
El Gobierno ya había introducido modificaciones parciales mediante el DNU 70/23 y posteriores decretos que habilitaron nuevas formas de exhibición dentro de farmacias. Sin embargo, varios artículos vinculados a la venta digital y desregulación fueron suspendidos cautelarmente por la Justicia tras presentaciones realizadas por entidades farmacéuticas.
En paralelo, continúa la controversia por la comercialización de medicamentos a través de plataformas digitales. El Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos denunció que Mercado Libre mantiene publicaciones de medicamentos pese a las restricciones judiciales vigentes.
Desde el sector farmacéutico advierten que una flexibilización excesiva podría incrementar la automedicación y reducir los controles sanitarios. Especialistas remarcan que el consumo sin supervisión médica ya registra niveles elevados en el país, especialmente tras la pandemia.
Entre los principales riesgos señalados aparecen complicaciones derivadas del uso prolongado de antiinflamatorios, automedicación con antibióticos y aumento de la resistencia bacteriana. También alertan sobre el impacto de la publicidad digital y la facilidad de acceso a medicamentos mediante plataformas online.
La discusión enfrenta dos modelos opuestos: por un lado, la intención oficial de ampliar la libertad de elección y modernizar el sistema comercial; por otro, las advertencias de profesionales de la salud sobre las consecuencias sanitarias de convertir al medicamento en un producto de consumo masivo sin control especializado.

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