El latido que volvió a encender la costa: Dios te salve vecina y la magia del reencuentro
Con un Centro Cultural colmado por vecinos de Rada Tilly y Comodoro Rivadavia de todas las edades, la banda ofreció un vibrante show de poco más de una hora a puro tambor, candombe e invitados especiales que hicieron bailar a toda la sala.
Hay silencios que se sienten demasiado largos, ausencias de un año entero que pesan en el aire de una región acostumbrada a vibrar con la música. Pero el último sábado, el Centro Cultural de Rada Tilly se convirtió en el epicentro de un pulso colectivo que convocó no solo a los vecinos de la villa balnearia, sino también a una gran multitud llegada desde Comodoro Rivadavia. Nadie quiso perderse el esperado regreso a las tablas de Dios te salve vecina.
Tras un breve instante de espera, la sala colmada abrió paso al ritual. Allí no hubo fronteras de edad ni de geografía: abuelos, jóvenes y familias enteras poblaron el centro Cultural. Las luces rojas iluminaban los tambores e instrumentos sobre el escenario, mientras algunos encontraban acomodo en las sillas, otros prefirieron la cercanía del piso y unos cuantos permanecieron de pie. Pero bastó el primer golpe de madera y cuero para que toda la audiencia se uniera en una sola energía: no hubo un solo cuerpo ni un par de piernas que no se movieran al compás contagioso de los tambores.

Durante poco más de una hora, la agrupación —integrada por Julián Limia, Rodrigo Saldivia, Malén López, Leonel Fernández, Juampi Zambrano, Daniel Millalonco, Tito Cardozo, Cristina Rojas, Noelia Retamozo y David Álvarez— desplegó un repertorio visceral y entregado que celebró el amor profundo por la percusión.
La noche alcanzó matices inolvidables al llamar a los invitados, quienes supieron adueñarse de la escena y crear su propio universo dentro del espectáculo como Sol Baztán para sumar su voz en un homenaje al “Negro” Rada junto Marcos Aguilar y Yanina Rojas en un candombe que invitó a bailar, o el pequeño Miqueas Paredes que deslumbró a todos con sus palillos.
En medio de esa atmósfera de comunión, brotó uno de los pasajes más emotivos de la velada cuando Daniel Millalonco dejó su puesto para bailar libremente sobre el escenario, regalando una frase que sintetizó el espíritu de la noche: “Gracias a la música, que me llevó a recorrer el mundo, y la magia que se genera en estos encuentros. no se olviden de decirle a sus seres queridos que los quieren”, aseguró antes de hacer un show con sus boleadoras y sus botas golpeando en el escenario.
Al apagarse los últimos ecos del cuero, quedó flotando en el aire la certeza de que Dios te salve vecina no solo volvió a tocar: volvió a abrazar a dos comunidades hermanas bajo la vibración ancestral del tambor.

