El numeroso clan Bolsonaro, una familia que oscila entre la política y los expedientes judiciales
El apellido Bolsonaro sintetiza en Brasil desde hace un clan de poder político que se ha multiplicado este mes y también una galería de participantes frecuentes en los expedientes de los tribunales brasileños. Esa parte oscura gana ahora mayor trascendencia por los delitos que envuelven al ex candidato presidencial Flávio Bolsonaro, que decidió huir a Estados Unidos. Pero también su padre, Jair Bolsonaro, detenido y condenado a 27 años de cárcel por golpismo y sus otros hijos, Carlos, Eduardo y Jair Renán han sido objeto de investigaciones, enjuiciamientos o condenas por cargos muy variados en los últimos años.
De la parte política destaca la esposa de Jair, Michelle, ahora senadora que es una líder evangélica con fuerte peso políticos en el Partido Liberal de la familia, pero sin cargos penales en su contra y con una importante proyección.
El patriarca logró en las recientes legislativas colocar en el Congreso a su esposa, uno de sus hermanos, Renato, diputado federal y a dos hijos, Carlos en el Senado y Jair Renan en Diputados. Flávio fue diputado y disputó la presidencia como Senador. No es claro si no se le retirará la senaduría debido a su espectacular fuga a EE.UU.
El patriarca de la familia, de 71 años, fue condenado en 2025 una condena por el intento de golpe de Estado tramado tras su derrota en las elecciones de 2022 ante Luiz Inácio Lula da Silva. Esa conspiración incluía en sus planes el asesinato del presidente y un juez de la Corte Suprema. Antes de ser condenado en firme, cuando estaba bajo prisión preventiva, Jair trató de fugarse quemando con un soplete su tobillera electrónica.
El excapitán del Ejército cumple su pena bajo arresto domiciliario debido a problemas de salud y esperaba que una eventual victoria de Flávio, su primogénito, en las elecciones del pasado domingo le valiera un indulto.
En las próximas semanas, la Corte Suprema analizará un recurso interpuesto por el exmandatario con el objetivo de anular la condena, para lo que alega irregularidades en la cadena de custodia de pruebas utilizadas durante el juicio.
Las esperanzas de la liberación de Jair se desplomaron con la derrota electoral de Flávio que, a menos de 48 horas del final del escrutinio, se fugó a los Estados Unidos después de que el juez de la Corte Suprema Alexandre de Moraes solicitara requisar sus pasaportes. El dirigente no podía ser detenido debido a que esta protegido por los fueron hasta el mes de febrero cuando vence su senaduría. De modo que no quedo claro inmediatamente la razón de su escape, que atribuyó a una persecución. Pero la policía brasileña señaló que no había cargos en su contra.
Los críticos del dirigente, afirman que la motivación para la huida esta en sus registro penales. El excandidato presidencial ya afrontaba dos investigaciones, a las que se sumó una tercera por la posible financiación irregular e injerencia extranjera de su campaña.
En el primero de los casos, el más avanzado, le investigan por presunto blanqueo de capitales y evasión de divisas durante la búsqueda de financiación de ‘Dark Horse’, una película biográfica sobre su padre.
Admitió haber solicitado 134 millones de reales (unos 26 millones de dólares) de Daniel Vorcaro, un playboy dueño del Banco Master que produjo la mayor quiebra fraudulenta de la historia brasileña y actualmente se encuentra en prisión preventiva. En varios audios que se filtraron Flávio y Vorcaro se referían entre ellos como hermanos. Ese dinero fue desviado a Estados Unidos, según diversas investigaciones.
En vísperas de la segunda vuelta electoral, la prensa brasileña reveló una segunda causa por lavado de dinero, que está bajo secreto de sumario pero de enorme gravedad. El protagonista es Willer Tomaz, abogado y amigo de Flávio, señalado como el operador de un entramado con movimientos financieros relacionados con las apuestas deportivas que incluirían un lavado de dinero de hasta mil millones de dólares.
Eduardo Bolsonaro es el menor de los hijos políticos. Esta autoexiliado en Estados Unidos donde recibió protección de la cancillería de Marco Rubio y se mudó en 2025 cuando era diputado y no había cargos concretos en su contra alegando que podía ser detenido. Ahora pesan sobre él dos condenas, pendientes de ejecución .
La primera de las sentencias le impuso cuatro años y dos meses de cárcel por coacciones a la justicia al haber gestionado ante la Administración de Donald Trump sanciones contra los jueces que procesaban a su padre. El gobierno lo califica abiertamente de “traidor a la patria”. Además, el pasado septiembre recibió otra condena de un año de prisión por difamación contra una parlamentaria, pero él afirma ser víctima de una “persecución judicial”.
Otro de los hermanos es el senador electo Carlos, acusado por la Policía Federal en el caso de la llamada “Abin paralela”, una supuesta trama que utilizó recursos de la Agencia Brasileña de Inteligencia para espiar ilegalmente a adversarios del gobierno de su padre.
Asimismo, en febrero se reabrió otra investigación contra él por presunta apropiación de parte de los salarios de asesores “fantasma” contratados en su despacho de concejal en Río de Janeiro, pero que no trabajaban, una práctica conocida en Brasil como “rachadinha”.
El menor de los hijos varones del expresidente, Jair Renan, diputado electo, es el único de los cuatro cuya principal causa penal reciente ha quedado archivada.
Fue acusado de falsedad documental y blanqueo de capitales por presuntamente utilizar datos financieros ficticios de una empresa propia para obtener un préstamo bancario, pero la Justicia archivó las acusaciones por falta de pruebas

