Elecciones en Israel: con el 84,4% escrutado, se afianza el bloqueo parlamentario y los partidos árabes se convierten en los árbitros del próximo gobierno
El escenario político en Israel se encamina a una compleja encrucijada institucional tras conocerse los datos oficiales correspondientes al 84,4% de las urnas escrutadas (sobre un volumen de más de 4,4 millones de sufragios). Para lograr conformar un Gabinete e investir a un nuevo Ejecutivo se exige alcanzar la barrera de 61 bancas en la Knesset de 120 escaños, una cifra que de momento resulta inalcanzable de manera directa para las principales fuerzas en disputa.
El bloque leal al actual primer ministro, Benjamín Netanyahu, ratificó una recuperación frente a las proyecciones a boca de urna al consolidar 54 escaños. No obstante, la cifra refleja una pérdida sustancial de superficie legislativa frente a las elecciones de 2022 y le impide hilvanar una mayoría con sus socios tradicionales. En paralelo, la alianza opositora encabezada por Gadi Eisenkot obtuvo 49 representantes, ubicándose en un nivel marginalmente inferior a las expectativas de las firmas encuestadoras.
Ante esta aritmética parlamentaria, la llave del poder quedó en manos de la representación de los partidos árabes, que registraron un incremento masivo de caudal electoral hasta posicionarse con 17 bancas, coincidiendo plenamente con lo esperado durante la jornada. En este marco, el único camino factible para que Eisenkot logre desbancar a Netanyahu del sillón presidencial depende de articular un acuerdo o pacto de apoyo exterior con la bancada árabe. En caso de no alcanzarse los consensos necesarios en las rondas de consultas formales, la nación se arriesga a un nuevo llamado a comicios parlamentarios previstos para el primer semestre de 2027, periodo durante el cual Netanyahu mantendría el ejercicio del Poder Ejecutivo en carácter interino.

