Historia, cobre y reglas de juego en el debate por las inversiones mineras
En el marco del ciclo “Hablemos de lo que viene”, organizado por El Tribuno, el ingeniero en Minas y exsubsecretario de Desarrollo Minero de la Nación, Mario Capello, presentó un análisis centrado en las condiciones necesarias para atraer inversiones al sector.
La disertación se realizó en el Centro de Convenciones de Limache, ante un auditorio vinculado a la actividad minera, donde abordó el tema “Competitividad y confianza para que lleguen las inversiones”.
Lejos de un enfoque coyuntural, Capello estructuró su exposición sobre una lectura histórica del desarrollo argentino, con el objetivo de explicar por qué un país con abundantes recursos minerales no logró consolidar una industria de gran escala.
“Para hablar de lo que viene, una muestra de inteligencia es tratar de comprender de dónde venimos”, señaló, como punto de partida de su planteo.
Un repaso
El exfuncionario propuso revisar más de dos siglos de evolución institucional para entender las limitaciones del presente. Recordó que ya en 1813, durante la Asamblea General Constituyente, se sancionó un reglamento orientado a promover la industria minera, lo que consideró un antecedente temprano de los actuales esquemas de incentivo.
En esa línea, mencionó el pensamiento de figuras como Manuel José García y Domingo Faustino Sarmiento, quienes destacaban el rol de la minería en el desarrollo económico y territorial. “Ayúdeme en las minas y enriquezco a la República”, citó, al recuperar una de las expresiones del sanjuanino para graficar la visión que, a su entender, no logró consolidarse.
Capello sostuvo que la Argentina estructuró su modelo productivo con un fuerte sesgo hacia el sector agropecuario, dejando de lado el potencial de su riqueza mineral. “Ningún país que alcanzó niveles de desarrollo económico y social renunció a valerse de sus recursos”, afirmó, al contrastar el caso argentino con el de otras economías.
Comparaciones
En su exposición, el especialista recurrió a datos comparativos para dimensionar el impacto económico de la minería. Señaló que el complejo minero chileno exportó en el último año alrededor de 63.000 millones de dólares, mientras que el conjunto de los principales cultivos argentinos -soja, maíz, trigo y girasol- alcanzó unos 38.900 millones.
A partir de esa comparación, planteó interrogantes sobre el lugar que podría ocupar la Argentina en el escenario global si hubiera desarrollado plenamente su potencial minero.
El cobre
Uno de los ejes centrales de la disertación fue el cobre, al que definió como el principal desafío para el país en el contexto de la transición energética. Capello citó proyecciones del Servicio Geológico de Estados Unidos que indican que, entre 2022 y 2042, la demanda global del metal será equivalente a todo el consumo histórico registrado hasta la actualidad.
En ese escenario, destacó que la Argentina cuenta con aproximadamente el 6,89% de las reservas mundiales de cobre, según relevamientos realizados sobre los proyectos más avanzados del país.
De haberse desarrollado esos recursos, estimó, el país podría ubicarse entre los principales productores globales, con una producción anual superior al millón de toneladas de cobre fino.
Competencia global
Capello advirtió que la Argentina no es el único país que busca captar inversiones en minería, y mencionó casos como el Congo, que alcanzó una producción de 3,3 millones de toneladas de cobre, o Zambia, que proyecta llegar a 3 millones de toneladas hacia 2032.
“No estamos solos tratando de acceder a las inversiones necesarias”, señaló, al remarcar que la competencia es cada vez más intensa en el mercado global de minerales críticos.
En ese marco, sintetizó su planteo en dos variables centrales: “Siempre me gusta decir que hay dos C muy grandes para que arriben: la C de la competitividad y la C de la confianza”.
El rol del RIGI
El exsubsecretario consideró que el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) constituye una herramienta clave para mejorar las condiciones de competitividad. En su exposición, mencionó proyectos que podrían movilizar inversiones de gran magnitud en distintas provincias.
Entre ellos, citó iniciativas como Los Azules, Pachón, Agua Rica, José María, Filo del Sol, San Jorge y Taca Taca, con montos que, en conjunto, suman decenas de miles de millones de dólares.
“El RIGI es una gran esperanza”, afirmó, al señalar que el esquema apunta a generar previsibilidad, estabilidad y seguridad jurídica para la llegada de capitales.
Sin embargo, advirtió que el potencial del régimen dependerá de su implementación efectiva: “Sin inversiones, nuestras predicciones son una simple ilusión. Seguiremos hablando del 100% de 0”.
Impacto económico, regalías y esquema impositivo
Capello también se refirió al impacto económico de la minería más allá de los ingresos fiscales directos. A partir del caso chileno, explicó que una parte significativa de los recursos generados por la actividad se canaliza hacia la economía a través de salarios, compras a proveedores y servicios.
Según detalló, entre 2010 y 2021 Chile exportó 440.000 millones de dólares en cobre, de los cuales unos 335.000 millones quedaron en su economía en forma de demanda de bienes, servicios y empleo, sin considerar impuestos.
Este punto fue utilizado para destacar la importancia del desarrollo de proveedores locales y la integración de cadenas productivas asociadas a los proyectos mineros.
Regalías
Otro de los ejes abordados fue el sistema de regalías. Capello cuestionó el esquema actual basado en un porcentaje sobre el valor de venta (Ad Valorem) y propuso avanzar hacia un modelo progresivo y móvil, en función de la rentabilidad de cada proyecto.
Explicó que países como Chile y Perú adoptaron este tipo de sistemas en la última década, lo que permite ajustar la carga fiscal según el margen operativo. “Si la empresa tiene muchas ganancias, paga más; si tiene menos, paga menos”, resumió.
A modo de ejemplo, mencionó casos concretos de proyectos en producción donde, bajo un esquema progresivo, los ingresos por regalías serían significativamente mayores en contextos de precios elevados.
Marco ambiental
En materia ambiental, el expositor abordó la aplicación de la ley de glaciares y planteó la necesidad de establecer criterios técnicos claros para su implementación. En particular, se refirió a la definición de la “significancia hídrica” de las geoformas, que debería determinarse mediante estudios científicos de mayor precisión.
Sostuvo que las provincias, como titulares de los recursos naturales, deben tener un rol central en estos procesos, con el acompañamiento de universidades y organismos técnicos.
Presión impositiva
Capello también cuestionó la estructura impositiva, en especial el impuesto a los Ingresos Brutos, al que calificó como distorsivo. Propuso analizar su eliminación en nuevos proyectos mineros como una forma de mejorar la competitividad y reducir costos indirectos.
Según explicó, este tipo de tributos se traslada a lo largo de la cadena productiva, impactando en los costos finales de los proyectos.
Proyecciones
En el tramo final de su exposición, el especialista puso el foco en el largo plazo de la actividad minera. Señaló que los proyectos tienen horizontes de varias décadas, por lo que las decisiones actuales tendrán efectos que trascienden a los gobiernos.
A modo de ejemplo, mencionó que solo dos proyectos de cobre en San Juan requerirían inversiones por unos 8.700 millones de dólares, con un impacto significativo en términos de ingreso de divisas, empleo y actividad económica durante las etapas de construcción y operación.
Capello cerró su disertación con una reflexión sobre el costo de no haber desarrollado la minería en la Argentina. Vinculó esa deuda histórica con la situación socioeconómica actual y llamó a revisar las decisiones estructurales del país.
En ese sentido, planteó que el desafío no es únicamente aprovechar los recursos disponibles, sino generar las condiciones necesarias para que las inversiones se concreten.
“La realidad no se puede ignorar”, concluyó, al advertir sobre las consecuencias de postergar definiciones en un contexto global donde la demanda de minerales críticos continúa en expansión.

