Insólito viaje en Saeta: muchos salteños que salieron a trabajar terminaron rodeados de brujas, diablos y fantasmas

Hay domingos en Salta en los que toca madrugar, encomendarse a Dios, tomar unos mates y salir a trabajar. Para muchos, las obligaciones no saben de feriados ni de días de descanso. Lo que nadie imagina es que, al subir a un colectivo de Saeta, puede encontrarse con una bruja sentada al lado, un esqueleto mirando por la ventanilla o al mismísimo Freddy Krueger viajando como cualquier hijo de vecino.
Pero eso fue precisamente lo que ocurrió durante las primeras horas de hoy, cuando algunos colectivos parecían haberse convertido en una prolongación de los festejos de Halloween de anoche.
Brujas, diablas, esqueletos, monjas, sacerdotes, policías y piratas compartieron el viaje con trabajadores que apenas comenzaban su jornada. También aparecieron Chucky y su inseparable Tiffany, Freddy Krueger, La Monja, La Llorona y la Viuda de la Recta de Cánepa. No faltaba prácticamente nadie en aquel desfile de personajes que, por unas horas, cambiaron los escenarios de las películas de terror por los asientos de Saeta.
Uno de los pasajeros, un trabajador de zona norte que viajaba hacia el centro, todavía se reía al recordar la sorpresa que se llevó apenas subió al colectivo.
“Me subí esta mañana a Saeta, medio dormido, y me doy con brujas, esqueletos, y todas esas cosas. No entendía nada, después caí en cuenta lo de Halloween. Es que soy de una generación que no está muy acostumbrada a estas cosas, pero de a poco vamos entrando en clima”, contó Pablo, un vecino de El Huaico.
Para alguien que sale de su casa pensando en el trabajo, las cuentas o las obligaciones del día, encontrarse de golpe rodeado de criaturas del más allá no es precisamente la manera más habitual de comenzar un domingo.
Claro que los monstruos tenían poco de sobrenaturales. Eran jóvenes que regresaban de bailar y divertirse durante toda la noche y que, después de tantas horas de fiesta, seguramente tenían más ganas de encontrar una cama que de asustar a algún pasajero desprevenido.
Así, mientras unos salían a ganarse el pan con el sudor de la frente, otros volvían agotados de una noche dedicada a la diversión. Dos mundos distintos que terminaron encontrándose en el mismo colectivo, entre cabezasos de sueño, disfraces y alguna que otra mirada de sorpresa.
Halloween se ganó un lugar entre los salteños
Las escenas de este domingo fueron consecuencia de una noche de sábado en la que miles de salteños participaron de las distintas propuestas recreativas organizadas por Halloween. Hubo fiestas, encuentros y una variedad de disfraces que dejó en evidencia hasta dónde puede llegar la imaginación cuando se trata de caracterizar a un personaje.
Algunos se conformaron con una máscara o un maquillaje sencillo. Otros dedicaron bastante más tiempo a sus vestimentas y consiguieron apariencias tan logradas que, vistos de madrugada y con pocas horas de sueño encima, bien podían provocar un sobresalto.
Lo llamativo es cómo fue cambiando esta celebración en Salta. Hace alrededor de dos décadas, Halloween apenas tenía presencia en algunos institutos de inglés y en pequeños encuentros donde los disfraces eran más bien una curiosidad. Con los años fue sumando participantes, ganó espacio en los boliches y otros lugares de diversión y terminó convirtiéndose en una fecha que muchos esperan para salir con amigos.
Poco queda, al menos en estas tierras, del sentido original de aquella antigua festividad vinculada con las tradiciones celtas. Para buena parte de los salteños, Halloween es hoy una oportunidad de disfrazarse, bailar, reunirse y pasar una noche diferente.
Por supuesto, no todos miran la celebración con el mismo entusiasmo. Hay quienes todavía la consideran una costumbre importada, ajena a nuestras tradiciones, y otros que la incorporaron con absoluta naturalidad. Lo cierto es que, año tras año, la fiesta fue ganando terreno y ya forma parte de las propuestas recreativas de cada fin de octubre.
Hasta parece competir en creatividad con el carnaval, aunque las dos celebraciones tengan historias y raíces muy distintas.
Lo ocurrido esta mañana en Saeta fue, de alguna manera, una muestra de cómo cambian las costumbres. Hace unos años habría resultado difícil imaginar a una bruja, un esqueleto y un personaje de película compartiendo asiento con los trabajadores que viajan en colectivo.
Este domingo, en cambio, la escena provocó sorpresa, algunas risas y seguramente más de una anécdota para contar durante el almuerzo.
Después de todo, detrás de aquellas máscaras terroríficas no había más que salteños volviendo a sus casas tras una noche de fiesta, y del otro lado, pasajeros que empezaban un nuevo día de trabajo. Porque cuando termina la diversión, hasta las brujas, los diablos y los monstruos tienen que tomarse un Saeta para volver a casa.

