La crisis en Ceuta desnuda un vínculo incómodo entre España y Marruecos y suma presión a Pedro Sánchez
Los llamativos reparos de Pedro Sánchez a la hora de responsabilizar a Marruecos del ingreso multitudinario de inmigrantes a Ceuta dejan al descubierto una relación incómoda con el gobierno de Rabat, cada vez más cercano a Estados Unidos y a Israel.
Desde el minuto uno del cruce, tan masivo como ilegal, de la frontera, los reflectores apuntaron a Marruecos, el vecino que suele abrir y cerrar el grifo del flujo migratorio en los 16 kilómetros de frontera terrestre que comparte con las ciudades españolas en suelo africano de Ceuta y Melilla.
El silencio y la inacción de Rabat sorprendieron a todo el mundo, menos a Pedro Sánchez y a sus ministros.
“Nadie ha aportado pruebas que permitan concluir que la entrada masiva fuera diseñada o ejecutada por las autoridades marroquíes”, insistió el presidente Sánchez este jueves en el Parlamento.
Un informe policial encargado por una jueza de la Audiencia Nacional, sin embargo, postula que gendarmes marroquíes, con uniforme y de civil, guiaron a los miles de inmigrantes que cruzaron la frontera, la mayoría a nado.
El “socio confiable”, como varios ministros definen en público a Marruecos, se está convirtiendo en un dolor de cabeza.
Puede ser que Pedro Sánchez no quiera confrontar con Rabat para no “pudrir” la relación y asegurarse de que Marruecos no blinde la puerta de regreso a los miles de inmigrantes que aún deambulan por Ceuta.
“Esta crisis solamente se va a poder resolver con la cooperación y no con la falta de confianza en Marruecos”, dijo el presidente del gobierno en la primera entrevista que concedió desde que estalló la crisis migratoria.
“Si no hay cooperación con Marruecos, esta crisis no se soluciona. Al contrario, se agrava”, enfatizó.
Fortalecido por sus vínculos con Estados Unidos, el rey Mohamed VI, que tiene en sus manos gran parte del poder político y religioso, se permite incumplir, sin consecuencias, los acuerdos con España.
Marruecos no está aceptando la devolución de los menores no acompañados que cruzan al territorio español así como tampoco se hace cargo de las personas no marroquíes -en su mayoría subsaharianos- que ingresan ilegalmente a España desde su país.
Este jueves, en el Congreso, Sánchez defendió la política migratoria de su gobierno y destacó “la cooperación con los países de origen y de tránsito”, sin mencionar a Marruecos.
Entre 2019 y 2023, bajo la figura de Ayuda Oficial al Desarrollo, España destinó al gobierno de Rabat 205,8 millones de euros.
Abundan los proyectos de colaboración, aunque a España lo que más le interesa es el muro de contención en el que Marruecos se convierte en la lucha contra el narcotráfico, el terrorismo yihadista y, por supuesto, la entrada ilegal de inmigrantes.
Sólo después de la última gran ola de ingresos masivos a Ceuta, en 2021, España inyectó 30 millones de euros para ayudar a su vecino a frenar la inmigración irregular.
La marroquí es la comunidad extranjera más numerosa en España. Y el dinero que los marroquíes envían a su país supone, según datos del Banco de España, más del 1 por ciento del PBI de Marruecos.
La actitud de Marruecos es sólo uno de los desaires que está sufriendo Sánchez en carne propia. Ceuta y Melilla son fronteras de España sino también frontera sur de la Unión Europea que, en este capítulo vidrioso, está dejando sola a España.

