La primera Licenciada en EIB reivindicó la educación pública y las lenguas originarias

En tiempos donde la universidad pública argentina atraviesa uno de los debates más intensos de las últimas décadas, el acto de colación número 112 de la Universidad Nacional de Santiago del Estero dejó una escena cargada de simbolismo, memoria y posicionamiento político. Entre diplomas, abrazos y emociones familiares, una voz logró sintetizar muchas de las discusiones actuales sobre educación, territorio, ciencia e inclusión: la de Regina Gómez Nazar, primera egresada de la Licenciatura en Educación Intercultural Bilingüe, carrera de la Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales y de la Salud.
Uno de los ejes más profundos de su discurso fue la reivindicación de la lengua quichua, históricamente relegada o invisibilizada en muchos ámbitos institucionales.
“La quichua no es una lengua detenida en el pasado ni una pieza de museo ni una marca folclórica para decorar discursos. La quichua es una lengua viva”, sostuvo.
Y agregó una definición cargada de peso histórico: “Que la lengua quichua ingrese a la universidad es una cuestión política, histórica y ética. Es disputar siglos de silenciamiento”.
En otro tramo especialmente reflexivo, Regina cuestionó las formas tradicionales de construcción académica y llamó a construir una universidad más permeable a los territorios y sus saberes.
“La universidad no debe ir al territorio solo a extraer datos o traducir la vida de otros en categorías académicas. Tiene que dejarse interpelar, aprender con otras voces y devolver lo que recibe”, señaló.
A lo largo de su intervención aparecieron referencias constantes a las desigualdades estructurales que todavía condicionan el acceso y permanencia en el sistema universitario. Incluso recordó a quienes comenzaron carreras y no pudieron terminarlas.
“Una universidad verdaderamente pública no puede conformarse con abrir sus puertas. Tiene que preguntarse quiénes pueden entrar, quiénes pueden permanecer, quiénes pueden egresar y quiénes todavía siguen quedándose afuera”, expresó.
El cierre terminó de darle al discurso una dimensión que excedió ampliamente la ceremonia de colación. Fue una reivindicación de la memoria, de las lenguas originarias, de la educación pública y de la posibilidad de imaginar futuros más inclusivos.
“Mientras una universidad pública siga de pie, va a haber un pueblo capaz de pensarse a sí mismo”, afirmó.
Y concluyó con una frase que sintetizó el espíritu de toda la intervención: “Mientras nuestras lenguas sigan vivas, va a haber memoria. Mientras haya quienes defiendan el derecho a saber, va a haber futuro”.

