La visita del papa León XIV a la Argentina trae gratos recuerdos: el día que Salta recibió a Juan Pablo II

La visita del papa León XIV a la Argentina les trae a los salteños el recuerdo del paso de otro sucesor del apóstol Pedro por estas tierras. Fue en 1987, cuando el entonces papa Juan Pablo II pasó por Salta, reunió a una multitud en el Jockey Club, luego rezó ante las imágenes del Señor y la Virgen del Milagro y pernoctó en la Curia de la Catedral Basílica.
En abril próximo se cumplirán 40 años de aquella histórica presencia en nuestra ciudad. Y esta semana, a días del arribo del actual Santo Padre, no son pocos los salteños que tuvieron el privilegio de vivir aquel acontecimiento y todavía conservan en sus mentes esos mágicos y emocionantes momentos.
El Jockey Club es una de las instituciones deportivas más importantes de la ciudad, ligada al rugby, al hockey y al tenis, entre otros deportes, pero también a la historia religiosa más rica de Salta. Es sede de una de las demostraciones de fe más grandes del culto católico en el país, ya que allí descansan, año tras año, los peregrinos de la Puna que llegan a Salta para la celebración del Milagro.
Pero, además, es uno de los pocos lugares que tuvo el privilegio de recibir a un Papa, como lo hizo con Juan Pablo II en abril de aquel 1987.
La llegada y la misa de Juan Pablo II en Salta
A días de las multitudinarias misas que León XIV tiene previsto dar en el Monumento de los Españoles, en Buenos Aires, y en los campos de la Fábrica de Aviones de Córdoba, cómo no recordar cuando Juan Pablo reunió a una multitud en nuestro Jockey Club, donde más de 500 mil fieles se congregaron.
El Sumo Pontífice arribó al aeropuerto El Aybal de ese entonces el día 8, por la tarde, y doce horas después, aproximadamente, se fue, no sin antes dejar una huella imborrable.
Las crónicas de aquellos años afirman que, apenas Juan Pablo II bajó del avión, besó el suelo salteño. Fue recibido por el entonces gobernador de Salta, Roberto Romero, y monseñor Moisés Julio Blanchoud, entre otras autoridades.
Tras los saludos protocolares se trasladó al llamado “Hipódromo de Limache”, dentro de las instalaciones del Jockey Club, donde ya esperaba la multitud. Juan Pablo II encabezó allí la celebración del “V Centenario de la Evangelización de América Latina”. Por eso, según se afirma en las crónicas, frente al altar montado sobre la tribuna central del campo, en primera fila estaban representantes de diferentes comunidades originarias (quechuas, tobas, matacos y chiriguanos, entre otras). Esa misa también contó con la participación del Coro Polifónico de Salta.
“Mi agradecimiento a Dios por hallarme entre vosotros, es al mismo tiempo agradecimiento por estos siglos de Evangelización de la Argentina, que aquí en Salta se hacen particularmente visibles en su continuidad con los orígenes”, fueron las palabras del Papa en la zona sur de la ciudad.
“En los hombres y mujeres de esta tierra, en sus costumbres y estilo de vida, hasta en su arquitectura, se descubren los frutos de aquel encuentro de dos mundos, que tuvo lugar cuando llegaron los primeros españoles y entraron en contacto con los pueblos indígenas que vivían en esta región, y en particular con la cultura quechua-aimará”, añadió.
Las instalaciones del Jockey Club habían sido designadas por el Vaticano por razones de capacidad y seguridad: su ubicación facilitaba una vía de evacuación rápida por su cercanía al aeropuerto.
Ayer en Salta, hoy en Córdoba
No cabía nadie más en las 30 hectáreas (750 metros de largo y 400 metros de ancho) que ocupaba el hipódromo en ese momento, hoy convertido en campo de golf. Una multitud que no sabía de convocatorias por redes sociales ni de pantallas. La TV a color daba sus primeros pasos y en la ciudad vivían la mitad de las peronas que en la actualidad: 360 mil en Capital, 800 mil en la provincia.
En cambio, en la FAdeA (Fábrica Argentina de Aviones), en Córdoba, León XIV tendrá la posibilidad de hablarle al menos a un millón de fieles el próximo martes, de acuerdo con la capacidad que ofrecen las 90 hectáreas de ese campo abierto. Córdoba tiene una población actual de casi 4 millones de personas.
La partida de Juan Pablo II
Tras la misa celebrada en el ex hipódromo, Juan Pablo II subió al papamóvil para dirigirse a la Catedral. Pasó por la avenida Paraguay, donde familias enteras lo saludaron mientras corrían cerca del vehículo. Su llegada a la Plaza 9 de Julio fue acompañada por la sirena de El Tribuno. Luego, el Sumo Pontífice cenó y durmió en la sede del Arzobispado, al lado de la Catedral.
El 9 de abril a la mañana, y antes de partir para continuar su gira por el país, se arrodilló nuevamente para rezar al pie de las imágenes del Señor y de la Virgen del Milagro. A continuación, recibió de manos del gobernador Romero un poncho salteño, con el que posó para las últimas fotografías suyas en nuestra ciudad.
Esa mañana el Papa debía subir al avión nuevamente para dirigirse a Mendoza. Pero en la provincia cuyana se registraba mal clima, por lo que Juan Pablo II no tuvo apuros en dejar nuestra ciudad.
“Bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo a todos los aquí presentes, a todos los que habitan esta ciudad, esta diócesis, arquidiócesis y a toda la región de Salta. Veo que la fe y el amor de Cristo a su madre están profundamente arraigados en el corazón de este pueblo. Lo único que puedo decirles, amigos, es simplemente: ¡Gracias Dios!”, expresó desde el aeropuerto local, minutos antes de, ahora sí, subirse al avión.
Cómo llegó el Papa a Salta
Crónicas de El Tribuno dan cuenta de que los preparativos de aquella venida del Papa habían comenzado en enero de 1986, cuando el gobernador Roberto Romero, y su esposa, Elena Di Gangi, visitaron Roma. En el Vaticano fueron recibidos por Juan Pablo I y le pidieron, en nombre del pueblo católico de la provincia, que incluyera a Salta en el viaje que tenía previsto realizar a la Argentina al año siguiente.
En octubre de 1986 una comitiva de 300 peregrinos salteños viajaron a Roma para reforzar el pedido de su visita. Viajaron sacerdotes, funcionarios, referentes laicos, periodistas, sindicalistas y representantes de los pueblos originarios. Encabezó la delegación el entonces arzobispo de Salta, Moisés Julio Blanchoud. En esa audiencia, le entregaron al Papa un álbum donde alrededor de 500 firmantes le rogaban que honrara a Salta con su visita en abril de 1987.

