Legislatura en
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Legislatura en “modo avión”: el frío que congela la Casa de Piedra

Mientras la agenda nacional no da tregua y la gestión provincial demanda respuestas, la Legislatura de Jujuy atraviesa un invierno anticipado. Más de un mes ha pasado desde la última sesión ordinaria —el pasado 23 de abril—, una fecha en la que el recinto se activó casi exclusivamente para sancionar la emergencia en el transporte y la Ley de Fomento a Grandes Inversiones. Desde entonces, el silencio absoluto en el recinto.

A horas de entrar en junio, el balance es preocupante: apenas cuatro sesiones ordinarias en cinco meses. Lo que comenzó como un lento arranque por la falta de acuerdos para conformar las comisiones de trabajo, ha mutado hacia una parálisis difícil de justificar. Y si miramos la aritmética, la responsabilidad se vuelve evidente: el bloque mayoritario de Jujuy Crece, con sus 25 legisladores, tiene la llave del tablero, seguido por un PJ con 8, LLA con 7, la Izquierda con 5 y Primero Jujuy con 2. Con esta composición, la falta de sesiones no parece un problema de mayorías, sino de una marcada falta de voluntad política para priorizar los temas de la ciudadanía.

La lista de proyectos que necesitan tratamiento es larga y elocuente. Siguen esperando su hora, iniciativas clave como el Juicio por jurados, una herramienta fundamental para la democratización de la justicia, o la Boleta Única Electrónica, presentada en enero y en apariencia, absolutamente ignorada. A esto se suma el paquete de más de sesenta proyectos presentados en la tercera sesión, entre los que destaca La prohibición de celulares en las aulas y Las normas para erradicar el acoso escolar, temas que evidentemente no figuran en la lista de prioridades de quienes deberían estar legislando.

Lo llamativo —y alarmante— es que esta parálisis ocurre en un año sin la distracción de una campaña electoral. Si este es el nivel de actividad legislativa en un año de gestión pura, la incógnita sobre la calidad del trabajo para lo que resta de 2026 se vuelve inquietante, y el panorama hacia el 2027 resulta aún más desalentador. Los legisladores deberían recordar que la Casa de Piedra no es un museo, sino el espacio donde se deben gestionar las soluciones para una provincia que no puede permitirse esperar a que pase el frío.

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