Los combustibles no bajarán pese a la apertura del Estrecho de Ormuz y la caída del petróleo
Aunque el valor del crudo Brent experimentó un retroceso global tras la apertura del estrecho de Ormuz, los valores en los surtidores locales no presentarán bajas. El Gobierno de Javier Milei analiza variables como el tipo de cambio y la carga tributaria, mientras las compañías petroleras intentan compensar el desfasaje acumulado durante los últimos meses.
La nafta y el gasoil subieron 23% en la Argentina desde el inicio del conflicto en Medio Oriente, pero pese a ello la brecha con la paridad de exportación se ubicó en el 15%.
A pesar de la marcada disminución en la cotización del crudo Brent, que se situó en US$ 88 —un 21% por encima de los valores de finales de febrero al inicio del conflicto entre Estados Unidos e Irán—, fuentes del sector consultadas descartan una reducción en los precios finales al consumidor. La administración de Javier Milei evalúa actualmente la relación entre el valor del barril local, la carga impositiva y las estrategias comerciales de YPF tras finalizar el periodo de congelamiento establecido para mitigar el impacto inflacionario en el índice de abril.
Especialistas del rubro sostienen que un descenso en los precios locales solo sería viable si el valor internacional cayera de forma drástica, aproximadamente un 32% hasta alcanzar los 60 dólares por barril. No obstante, consideran que este escenario es improbable a corto plazo debido a los perjuicios sufridos en la infraestructura de Medio Oriente y las complicaciones para normalizar la producción.
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Actualmente, los precios en Argentina permanecen vinculados a un barril cercano a los US$ 90, y las refinadoras analizan el uso de seguros o herramientas de cobertura denominadas “hedge” para equilibrar pérdidas ante futuras bajas internacionales.
La presión impositiva en el costo final que impiden la baja en surtidores
La estructura del precio que abona el usuario final cuenta con una fuerte participación del Estado. Según un relevamiento de Focus Market, el 46,6% del valor total corresponde a impuestos: un 41,5% pertenece a la Nación, un 3% a las provincias y el 2,1% restante a los municipios. Esta distribución de los ingresos explica la celeridad para trasladar incrementos del insumo y la resistencia a aplicar correcciones a la baja.
Para contener el impacto, el Gobierno optó por suspender el aumento programado en el impuesto a los combustibles y autorizó una mayor proporción de bioetanol en el proceso de refinación.
Según estimaciones de Nadin Argañaraz, titular de IARAF, si se hubiera aplicado el traslado total del tributo suspendido, el litro de nafta súper en la Ciudad de Buenos Aires habría alcanzado los 2.250 pesos.
Impacto en la inflación y la logística
Desde el inicio de las hostilidades en el estrecho de Ormuz, la nafta y el gasoil registraron subas del 23%, manteniendo una brecha del 15% respecto a la paridad de exportación. En la conformación del Índice de Precios al Consumidor (IPC), estos combustibles representan cerca del 3,8%, lo que significa que cada incremento del 10% en el surtidor genera un impacto directo de 0,38 puntos porcentuales en la inflación.
El congelamiento de 45 días dispuesto por el Ejecutivo buscó evitar que el encarecimiento de los combustibles impulsara aún más la suba de precios generales, considerando que los costos de transporte y distribución ya se trasladaron a toda la cadena logística de bienes y servicios. El Gobierno mantiene cautela sobre una posible baja de precios, dado que la dinámica económica local no suele retrotraer los valores ya remarcados en el resto de la economía.
En el último año, los combustibles acumularon un alza del 63,6%, superando ampliamente el ritmo de crecimiento de los precios generales, que se ubicó en el 33,1%.
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Con información de NA.

