Panorama internacional: ¿Cuál independencia celebra el EE.UU. de Donald Trump?
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Panorama internacional: ¿Cuál independencia celebra el EE.UU. de Donald Trump?

Estados Unidos celebra este sábado el 250 aniversario de su independencia y la Revolución que le brindó su libertad, pero lo hace en una rara circunstancia. Muy poco de lo que está sucediendo en la política y el poder de la potencia coincide con aquellos valores que enfrentaron con éxito a la Ilustración contra el absolutismo. El presidente Donald Trump, para muchos historiadores, parece coincidir más con el pensamiento monárquico británico que fue enfrentado y derribado en esas jornadas, que con la novedad que trajo la emancipación.

Debido a esto, la fecha gana un intenso significado contemporáneo. Ilustra sobre lo que hay y lo que se ha perdido de los fundamentos y valores de la democracia norteamericana que ayudaron a modelar el mundo. Al mismo tiempo, la ceremonia está contaminada con la certeza de que la convierta en una celebración de sí mismo; “Trump rally”, la ha llamado.

Para que quede claro, días atrás, en un discurso inaugural de estos fastos, sugirió que la grandeza de EE.UU. se debía en gran medida a él y no dudó en compararse con los fundadores.Al igual que aquellos patriotas de 1776 -dijo-, en los últimos 17 meses hemos recuperado el poder de la clase política. Hemos reclamado nuestra soberanía, recuperado nuestra libertad, restaurado nuestra prosperidad y salvado a nuestro país en todos los aspectos”.

Los académicos le achacan a Trump un agudo desconocimiento de la historia general y la de su país en particular, un problema que él mismo ha reconocido sin darle particular importancia a esas carencias. Le dijo al historiador Douglas Brinkley, en un encuentro en Mar-a-Lago después de ganar su primera presidencia, que nunca había leído un libro sobre Abraham Lincoln, por ejemplo. “Me sorprendió, porque cuando se habla con políticos, hasta se inventan libros. Pretenden leer mucho. Él simplemente se encogió de hombros y me dijo que era una persona visual”, afirmó el historiador citado por The Guardian.

Esa displicencia e ignorancia ha tenido incluso extremos que rozaron el ridículo. Recordemos cuando afirmó con tono seguro en 2019 que en la guerra de la Independencia el ejército continental había tomado los aeropuertos, es decir, un siglo antes de la invención del vuelo humano. Colegas de Brinkley como Johann Neem, de la Universidad Western Washington, aseguran que si Trump estuviera al menos algo enterado, sabría que “la Revolución norteamericana fue una rebelión contra la tiranía y el poder arbitrario, que es lo que él intenta ejercer”.

Un escenario en el Monumento Nacional del Monte Rushmore para el espectáculo de fuegos artificiales del 4 de julio, donde se espera que esté el presidente Donald Trump, en Keystone, Dakota del Sur. Foto Reuters

Contra el poder absoluto

La circunstancia tienta a comparar lo que plantea la Declaración de la Independencia, cuya copia el magnate tiene en el Salón Oval, con el comportamiento presidencial. Los Padres Fundadores, siguiendo las ideas de Montesquieu, diseñaron tres poderes soberanos e independientes para evitar la tiranía. Toda la construcción se montaba en un profundo escepticismo hacia el poder absoluto y en la fe en las instituciones para contener las ambiciones humanas, como resumió James Madison.

Para lograrlo, el Congreso debía ser el poder primordial. Pero Trump defiende la teoría maximalista del “Ejecutivo Unitario”, sugiriendo que la Constitución le otorga derechos ilimitados. Sus intentos de desviar fondos no autorizados por el Congreso —el muro fronterizo entre ellos— o el desacato sistemático a las citaciones del Parlamento, además de legislar con decretos leyes, chocan frontalmente con la idea de que el Congreso es un par igual.

Trump ha insistido que como presidente: “Tengo derecho a hacer lo que quiera…No hay límites”, según le dijo al portal Axios. Pero la Revolución se apoyó precisamente en el rechazo “a los abusos y usurpaciones” de la corona británica de Jorge III, como ilustra John Pitney en Bulwark. “Entre los principales motivos de esa condena se encontraban justamente los intentos reales de bloquear o eludir las acciones de las legislaturas coloniales”.

Los peores ejemplos de estos procedimientos por parte del presidente, incluyen la imposición unilateral de aranceles, que equivalen a impuestos regresivos para los consumidores estadounidenses. La Declaración de Independencia denunciaba que Londres con sus gravámenes “buscaba interrumpir nuestro comercio con todo el mundo e imponernos impuestos sin nuestro consentimiento”. Vale recordar que en 1773 Londres aprobó la Tea Act, otorgando a la Compañía Británica de las Indias Orientales el monopolio para vender té en Norteamérica con un impuesto directo. Los colonos se oponían a pagar esos tributos y furiosos arrojaron más de 300 cajas de la infusión al agua en el puerto de Boston. Ese gesto dio paso a la Guerra de la Independencia.

Otro de los más importantes reproches contra el rey Jorge III era que el monarca británico había obstruido la administración de justicia. Uno de los Padres Fundadores, Alexander Hamilton, argumentó que el Poder Judicial debía ser completamente independiente para proteger la libertad de los ciudadanos frente a los abusos del gobierno. Pero Trump ha atacado públicamente la legitimidad de los jueces y fiscales que han fallado o actuado en su contra, calificándolos de “corruptos”, “parciales” o “herramientas políticas”.

Enemigos polìticos

Adicionalmente, concedió clemencia masiva a quienes atacaron el Capitolio en el intento golpista de enero de 2021 y luego respaldó un plan fallido para indemnizarlos. Un principio fundacional de esta Carta establece que los gobiernos derivan sus poderes del “consentimiento de los gobernados”, que se verifica en la aceptación del fallo de las urnas. El líder republicano, en cambio, profirió denuncias de fraude sin pruebas de los resultados de las elecciones de 2020 que ganó el demócrata Joe Biden. También llenó el Ministerio de Justicia con leales que han investigado, con el apoyo del FBI, a quienes el mandatario considera sus enemigos políticos y ha emitido decretos leyes contra los estudios de abogados que lo demandaron. Hoy el titular de la cartera es su ex abogado personal.

Donald Trump, para muchos historiadores, parece coincidir más con el pensamiento monárquico británico que fue enfrentado y derribado en esas jornadas, que con la novedad que trajo la emancipación. Foto Reuters

En otro pasaje, la Declaración repudia al rey por el extraordinario abuso de “transportarnos más allá de los mares para ser juzgados por supuestos delitos y privarnos en muchos casos de los beneficios de un juicio”. Pitney recuerda que Trump, del mismo modo, envió migrantes a la tristemente célebre megaprisión CECOT de El Salvador. Jueces federales dictaminaron que varias de esas deportaciones se llevaron a cabo sin el debido proceso. Quizás aún más pernicioso, Trump consideró suspender el recurso de habeas corpus, lo que habría otorgado al gobierno amplios poderes para detener a personas sin una revisión judicial efectiva.

También en esta notable nómina se anota un problema persistente del populismo iliberal y de cierto supuesto progresismo: el desprecio a la opinión y a la información. Los fundadores consideraban a la prensa libre como un contrapeso vital. Pero Trump y algunos de sus seguidores alrededor del mundo afirman que “no odiamos lo suficiente a la prensa”, y el propio mandatario ha calificado a los medios de comunicación como “enemigos del pueblo” porque no se alinean con su construcción de posverdad.

También ha puesto en duda la noción de la igualdad de los hombres, rechazando ese principio básico de tolerancia y antisegregacionismo. En esa línea, ha buscado restaurar los monumentos de los confederados esclavistas que se oponían a todo lo que representa la declaración. Hasta eliminó el día de Martin Luther King, que postulaba cumplir con los principios que fundaron la nación, y lo reemplazó por “el día de la bandera y cumpleaños del presidente Trump”.

La presencia de este mandatario con estas vivencias regresivas dice mucho sobre las razones de la pérdida de influencia y reputación de la potencia en este, su 250 aniversario. También, de la caída a plomo de la imagen del magnate. Son los otros lados opacos imposibles de disimular que expone la conmemoración. Lo más penoso es que aquel rey Jorge III aplaudiría reconfortado este desenlace dos siglos y medio después de su ejemplar derrota.

©Copyright Clarín 2026

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