Repudian al Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras por “desviar el foco” tras las denuncias de acoso

La crisis dentro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT sigue creciendo. Luego de las denuncias de más de 30 alumnas contra un estudiante y ayudante de cátedra acusado de acoso, ahora surgieron fuertes críticas hacia la presidenta del Centro de Estudiantes, Lucia Gastaminza, por una carta abierta que muchas estudiantes consideran un intento de “desviar el foco” del reclamo principal.
El comunicado fue publicado inicialmente desde la cuenta personal de Gastaminza y luego compartido por la cuenta oficial del Centro de Estudiantes, lo que generó aún más repercusión dentro de la comunidad universitaria.
Según expresaron distintas estudiantes en comentarios y publicaciones posteriores, el problema nunca fue responsabilizar a las mujeres que integran el espacio estudiantil, sino cuestionar la falta de reacción ante situaciones que —aseguran— eran conocidas desde hace tiempo dentro de la agrupación.
“Nos duele profundamente que, frente a situaciones que muchísimas compañeras venían señalando hace tiempo, se haya elegido mirar hacia otro lado”, escribió una estudiante en uno de los mensajes que comenzó a viralizarse.
Las críticas apuntan especialmente al rol político y humano de quienes conducen espacios estudiantiles. “Estar al frente de un espacio también implica escuchar incomodidades, hacerse cargo de los malestares y asumir la responsabilidad política y humana que eso conlleva”, señalaron.
Otro de los puntos más repetidos por las alumnas es que la discusión se estaría desplazando hacia las integrantes del centro como víctimas de ataques, dejando en segundo plano a las denunciantes y el reclamo original.
“El foco nunca estuvo ni estará en responsabilizar a otras mujeres. Todo lo que estamos diciendo y haciendo es por y para ellas, por las compañeras afectadas, por quienes no se sintieron cuidadas, escuchadas ni acompañadas cuando más lo necesitaban”, expresaron.
Además, remarcaron que el cuestionamiento central pasa por la presunta inacción frente a alertas previas sobre el comportamiento del estudiante denunciado.
“Ocupar un rol de conducción también implica animarse a revisar prácticas, vínculos y responsabilidades dentro de las propias agrupaciones”, sostuvieron.
Las estudiantes también manifestaron dolor e indignación por el tiempo que tomó que la situación se hiciera visible públicamente. “Duele pensar que hicieron falta más de 40 compañeras hablando para que finalmente esto pudiera ponerse en discusión”, indicaron.
Uno de los comentarios que más repercusión tuvo resume el eje del reclamo: “El fin de reclamarles nunca fue responsabilizar a las mujeres del centro por lo sucedido. El reclamo fue que ustedes tenían un conocimiento previo de la causa y del accionar de su compañero”.
Mientras tanto, el caso continúa generando tensión dentro de Filosofía y Letras y abrió un debate más amplio sobre el rol de las organizaciones estudiantiles frente a denuncias de violencia, acoso y situaciones de vulnerabilidad dentro de la universidad.

