“Si delegamos el criterio humano, vamos hacia una automatización total”
La irrupción de la inteligencia artificial dejó de ser una promesa futurista para convertirse en una realidad cotidiana que atraviesa todos los ámbitos: desde el trabajo y la educación hasta el arte y la cultura. En ese escenario, emergen nuevas preguntas sobre el vínculo entre humanos y máquinas, el valor de la creatividad y el rol del pensamiento crítico.
En Tal cual, el streaming de El Tribuno, Matías Hessling, especialista en IA; reflexiona sobre el concepto de “criterio humano” como una habilidad clave en tiempos de automatización, advierte sobre los riesgos de delegar el sentido en la tecnología y analiza cómo la inteligencia artificial está reconfigurando la producción cultural, la autoría y las dinámicas laborales, en un proceso que ya no pertenece al futuro, sino al presente.
La inteligencia artificial parece algo que durante años se pensó como futuro, pero hoy ya es presente. ¿Cómo se da ese paso?
Podríamos decir que estamos viviendo ese futuro que imaginamos durante el siglo XX, sobre todo desde la ciencia ficción, primero literaria y después cinematográfica. En ese marco, desde el verano vengo trabajando en un seminario con el Museo de Arte Contemporáneo, justamente pensando la relación entre inteligencia artificial, arte, cultura y creatividad. Y aparece un concepto clave: el criterio humano. Hoy empieza a convertirse en la habilidad blanda fundamental para incorporar la inteligencia artificial al trabajo sin perder el pensamiento crítico.
Hay quienes sienten temor, incluso angustia, frente a la inteligencia artificial. ¿Puede reemplazar al ser humano?
Lo primero que hay que entender es que la inteligencia artificial no piensa. Es un sistema, un modelo construido sobre datos. Lo que sí está pasando es que nosotros empezamos a delegar sentido. Es decir, dejamos de interpretar, de cuestionar, de preguntarnos de dónde viene la información que nos devuelve. Y eso es lo peligroso. Porque la IA siempre produce respuestas verosímiles, que parecen verdad.
¿Dónde queda entonces lo humano?
Ahí está el punto central. En el arte, por ejemplo, se discute de quién es la obra creada con inteligencia artificial. Porque los modelos trabajan con datos que alguien cargó. Entonces, el valor ya no está tanto en la técnica –saber pintar, componer o filmar– sino en la curaduría, en la selección. El criterio humano es lo que permite darle sentido a esa producción masiva.
¿Eso implica que cualquiera puede ser artista usando inteligencia artificial?
Empieza a pasar. Pero no se trata solo de usar la herramienta. Se trata de entrenar el criterio humano. Hoy muchos cursos enseñan a “promptear”, es decir, a dar instrucciones a la IA. Pero si todos usan los mismos esquemas, el resultado es homogéneo. Ahí aparece el problema: la automatización puede llevar a una homogenización cultural.
“Las fake news y los deepfakes. Va a ser cada vez más difícil distinguir lo real de lo generado por inteligencia artificial. Por eso, más que nunca, necesitamos entrenar el criterio humano para no caer en información falsa”, afirmó el especialista durante la entrevista en el streaming de El Tribuno.
¿Dónde está el riesgo principal?
En delegar completamente el sentido. Si tomamos lo que devuelve la IA como verdad absoluta, sin cuestionar, sin editar, sin evaluar, perdemos nuestra capacidad crítica. Y eso genera producciones repetitivas, estereotipadas. Lo vemos en redes: todos los contenidos terminan pareciéndose.
¿Cómo se incorpora la inteligencia artificial en el arte hoy?
De distintas maneras. Algunos la usan como herramienta para investigar o inspirarse, otros para crear. Pero incluso cuando se co-crea con IA, no hay que perder de vista que es un sistema de datos, sin sensibilidad ni pensamiento. El valor sigue estando en cómo el humano utiliza esa herramienta.
¿Qué escenario se proyecta a futuro?
Si delegamos el criterio humano, vamos hacia una fuerte automatización y homogenización cultural. Pero todavía estamos a tiempo. Lo que tenemos que hacer es volver a poner de moda lo humano. Porque incluso se empieza a especular con una integración entre inteligencia artificial y cuerpo humano, una especie de era cyborg.
¿Qué rol juegan los sesgos en la inteligencia artificial?
Son uno de los mayores riesgos. Los modelos están construidos con datos humanos, por lo tanto reproducen sesgos: racismo, sexismo, discriminación. Ya hay casos donde sistemas de selección laboral excluyen a mujeres por estereotipos. Ese es un problema serio.
“No es magia: detrás de cada respuesta hay datos, decisiones y procesos que debemos entender”
¿Y qué pasa con el plagio o la autoría en obras creadas con IA?
Es una discusión abierta. Podría decirse que la inteligencia artificial plagia, porque toma información existente para producir algo nuevo. De hecho, hubo casos en Estados Unidos donde se rechazó registrar obras hechas con IA porque no se podía determinar el aporte creativo humano.
¿Cómo impacta esto en industrias como el cine?
Va a haber cambios profundos. Ya hay debates sobre derechos de imagen de actores, propiedad intelectual, uso de efectos. Hace dos años hubo un paro de guionistas por este tema. Lo que antes requería grandes producciones hoy se puede hacer con un celular. Eso va a transformar toda la industria.
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