“Todavía están a tiempo de frenar”
Cuando un gobierno se ve obligado a modificar su propio proyecto a último momento por la presión de una crítica pública sostenida en defensa de la democracia, no estamos ante una mejora. Estamos ante una admisión.
La marcha atrás parcial no cambia la esencia. El esquema sigue intacto: un sistema diseñado para distorsionar la voluntad popular y garantizar que las estructuras de abajo terminen tributando al poder de arriba. Cambian los detalles. La lógica es la misma.
No hay ingenuidad posible. Es el método de siempre: avanzar con una maniobra, medir el costo político y retroceder lo justo para hacer pasar lo importante. Una trapisonda más porque el que es tramposo no deja de serlo: se adapta.
La fragmentación, la confusión y la disciplina, empieza a institucionalizarse gravemente. Es ingeniería electoral al servicio del control político. Es el poder asegurándose de que nadie crezca por fuera de su tutela.
Y es imposible no ver el objetivo: condicionar a quienes hoy representan una alternativa real. El diseño del sistema apunta directamente a neutralizar la competencia de fuerzas emergentes como La Libertad Avanza, ante el temor concreto de que vuelva a imponerse en las urnas.
Después intentan instalar que las críticas responden a una obsesión opositora con el sistema electoral. Falso. La Libertad Avanza está gobernando, intentando ordenar un país devastado por años de corrupción. Mientras tanto, en Salta, se decide cambiar las reglas de juego y pretende, fiel a su estilo, no ser cuestionado. No es serio. Si la preocupación es la falta de recursos, aun después de recibir sumas millonarias en adelantos, las decisiones van en sentido contrario. Desdoblar elecciones encarece el proceso. Sostener un sistema de voto electrónico multimillonario y siempre sospechado también. No es necesidad. Es conveniencia. Y el problema es más profundo. Este avance no puede desligarse de un patrón: concentración de poder, debilitamiento de controles, colonización de organismos que deberían ser independientes y una tendencia persistente a intervenir en la vida interna de los partidos políticos. Nada debe escapar a su órbita. No es construcción política. Es apropiación.
“Apunta a neutralizar la competencia de fuerzas emergentes como LLA”.
Se prometió institucionalidad. Se practica manipulación. Se habló de modernización. Se ejecuta atraso. Se invoca la democracia mientras se la vacía por dentro.
La Ley de Lemas, la llamen como la llamen, no es un detalle técnico. Es un síntoma. El síntoma de un proyecto que prioriza conservar el poder antes que respetar reglas claras. Todavía están a tiempo de frenar porque gobernar no es garantizarse resultados. Es aceptar límites. Y en una república, perder limpiamente vale infinitamente más que ganar con trampas.

