Un “oculto” a la vista: un fotógrafo salteño logró captar a uno de los animales más esquivos de la Puna
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Un “oculto” a la vista: un fotógrafo salteño logró captar a uno de los animales más esquivos de la Puna

En la inmensidad silenciosa de la Quebrada del Toro, donde el viento y la altura moldean el paisaje, un encuentro inesperado quedó registrado en imágenes. El fotógrafo aficionado Álvaro Arteaga logró captar a un tuco-tuco, un pequeño roedor subterráneo al que en la Puna salteña se lo conoce más como “oculto”, justamente por lo raro que resulta verlo fuera de sus túneles.

La escena ocurrió en la Laguna del Toro, un conjunto de cuatro espejos de agua ubicados en el departamento Rosario de Lerma, a pocos kilómetros del paraje San Bernardo de las Zorras. El lugar suele atraer visitantes por la presencia de flamencos rosados, pero esta vez la sorpresa estuvo bajo tierra.

Un hallazgo casual en plena Puna

“Decidimos ir un fin de semana para ahí porque la laguna es muy conocida por los flamencos. Aprovechando eso, fui a acampar con mis tres hijos, dormimos ahí”, relató Arteaga.

El hallazgo se produjo al día siguiente, casi por casualidad.

“Vemos que de una de las cuevitas —había un montón— sale algo. Al principio pensé que era un cuis, que para mí era lo normal. Le saqué fotos, pero después cuando las vi bien me di cuenta de que no parecía un cuis, porque tenía una colita”, explicó.

La duda lo llevó a investigar: “Después googleé y me di con que era un tucu tucu”.

El registro no es menor. Estos animales son más oídos que vistos: su nombre proviene de la vocalización “tuc-tuc-tuc” que emiten desde el interior de sus galerías subterráneas.

Un especialista en vivir bajo tierra

El tuco-tuco pertenece al género Ctenomys, un grupo de roedores con más de 60 especies distribuidas exclusivamente en Sudamérica. En el noroeste argentino habita, entre otras, el tuco-tuco puneño (Ctenomys opimus), adaptado a condiciones extremas de altura, entre los 2.000 y 5.000 metros sobre el nivel del mar.

De acuerdo con la categorización nacional de mamíferos, esta especie es considerada de “preocupación menor”, con amplia distribución en la región aunque con poblaciones fragmentadas .

Su vida transcurre casi por completo bajo tierra, en túneles donde el ambiente presenta baja concentración de oxígeno, altos niveles de dióxido de carbono y gran humedad. Estas condiciones obligan a desarrollar adaptaciones fisiológicas y comportamentales muy específicas.

Además, se trata de animales solitarios, de hábitos principalmente herbívoros, que construyen complejos sistemas de galerías con cámaras para alimento y nidos. En esos espacios también almacenan vegetación, lo que les permite sobrevivir en ambientes donde los recursos son escasos.

El interés científico: claves desde el CONICET

Lejos de ser solo un roedor esquivo, el tuco-tuco se convirtió en objeto de múltiples investigaciones científicas impulsadas por equipos del CONICET, particularmente desde el Centro Regional de Investigaciones Científicas y Transferencia Tecnológica (CRILAR), en La Rioja.

Uno de los aspectos que más interés genera es su sistema de relojes biológicos. En condiciones de laboratorio, con ciclos de luz y oscuridad controlados, los tuco-tucos presentan hábitos nocturnos bien definidos. Sin embargo, en su ambiente natural estos patrones pueden invertirse, mostrando una notable plasticidad en su comportamiento.

Este fenómeno resulta clave para comprender cómo los organismos regulan sus ritmos circadianos en ausencia de señales externas claras, como la luz solar. Los científicos estudian estos mecanismos porque su alteración, en humanos, está vinculada a trastornos del sueño, dificultades cognitivas y diversas enfermedades.

Adaptaciones a un ambiente extremo

Otra línea de investigación se centra en las condiciones extremas de la Puna. En zonas por encima de los 4.000 metros, los tuco-tucos deben enfrentar temperaturas bajo cero, escasez de alimento y niveles reducidos de oxígeno.

En ese contexto, los investigadores analizan la posibilidad de que estos animales utilicen estrategias de ahorro energético, como una disminución temporal de su temperatura corporal —similar a un estado de torpor— durante las noches más frías.

Estas adaptaciones no solo permiten su supervivencia, sino que también aportan información valiosa para entender cómo responden los organismos a ambientes extremos, un campo de creciente interés en la biología.

Un rol clave en el ecosistema

Más allá de su valor científico, el tuco-tuco cumple una función ecológica fundamental. Al excavar túneles, remueve el suelo y modifica la estructura del terreno, lo que influye en la distribución de nutrientes y en la dinámica de la vegetación.

Incluso, estudios recientes señalan que actúa como dispersor de microorganismos beneficiosos para las plantas, contribuyendo a la regeneración de los ecosistemas áridos.

Sin embargo, su relación con la actividad humana no siempre es positiva. En zonas productivas suele ser considerado una plaga, debido a que puede dañar cultivos o infraestructuras al roer materiales como mangueras o cables.

Una imagen que revela lo invisible

Las fotografías logradas por Arteaga permiten visibilizar a un animal que, pese a su presencia extendida en la Puna, permanece oculto para la mayoría. Su aparición fugaz fuera de la cueva fue suficiente para documentar un momento poco habitual.

En territorios donde la biodiversidad muchas veces se esconde bajo la superficie, este tipo de registros adquiere un valor especial: no solo por lo inusual, sino también por su capacidad de despertar curiosidad y acercar la ciencia al público.

Quienes quieran ver el registro completo pueden encontrar las imágenes en la cuenta de Instagram flama_fotografiasalta, donde el autor comparte sus recorridos y hallazgos en distintos paisajes de la provincia.
 

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