VIDEO. Familias salteñas impulsan el trueque para enfrentar la crisis y la enfermedad
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VIDEO. Familias salteñas impulsan el trueque para enfrentar la crisis y la enfermedad

En medio de un contexto económico asfixiante y con múltiples barreras para acceder a ingresos formales, un grupo de familias salteñas decidió organizarse y crear su propia oportunidad. Este sábado, desde las 9 y hasta el mediodía, quedó inaugurada una feria de trueque y venta en un salón cerrado ubicado en Rivadavia 453 espacio que anteriormente funcionaba como salón de actos del PRS, donde más de 70 personas ofrecen sus productos y apuestan a la solidaridad como herramienta de subsistencia.

El espacio fue cedido sin condicionamientos y permite resguardarse del frío, una necesidad clave para muchas de las familias que participan. Allí se pueden encontrar una enorme variedad de productos: ropa, calzado, elementos de cocina, libros, adornos, bijouterie, juguetes, plantas, relojes, repisas, cuadros, electrodomésticos, repuestos, artículos para el hogar, productos de limpieza e higiene, además de un sector de mercadería con alimentos no perecederos, masitas envasadas, escabeches, frutas y verduras, golosinas, bollitos y sándwiches.

“Nosotros no queremos pedir, queremos trabajar”, resumió con firmeza Fanny Flores, madre de un joven con discapacidad y una de las impulsoras de la iniciativa, en diálogo con El Tribuno. Sus palabras condensan el espíritu de una comunidad que, empujada por la urgencia, eligió la organización colectiva.

El proyecto nació de la necesidad. Familias con integrantes que padecen discapacidades, enfermedades poco frecuentes, crónicas o de alto costo e incluso personas con patologías no discapacitantes pero igualmente difíciles de sostener comenzaron a reunirse para intercambiar bienes y generar algún ingreso. Sin embargo, el camino no fue sencillo.

“Nos corrían de todos lados. No podíamos estar en las plazas, ni siquiera en las de nuestro barrio. Quedábamos excluidos de la posibilidad de trabajar”, explicó Flores. La situación se volvía aún más compleja considerando que muchas de estas personas no pueden permanecer largas horas al aire libre por cuestiones de salud, ni cuentan con medios de transporte para trasladar mercadería.

El punto de inflexión llegó cuando este salón decidió abrirles las puertas. “Cuando contamos quiénes éramos y cómo veníamos rebotando de un lado a otro, nos dijeron que sí. No lo podíamos creer”, recordó. Hoy, ese lugar les ofrece baños, cocina, abrigo y, sobre todo, un ámbito digno donde desarrollar su actividad.

La respuesta de la comunidad no tardó en llegar. Durante la jornada inaugural, decenas de vecinos se acercaron, sorprendidos por la variedad y calidad de los productos. “La gente se va muy contenta porque los precios son accesibles, y también porque pueden intercambiar”, señaló Flores.

Historias atravesadas por la lucha

Detrás de cada puesto hay una historia. Muchas de ellas están marcadas por la enfermedad y la desigualdad estructural.

“Hay chicos con discapacidades motoras que no pueden trasladarse, pacientes internados, personas con enfermedades raras, diabéticos, una chica esperando un trasplante renal, chicos con espectro autista”, enumeró Flores. En muchos casos, son familiares quienes se acercan a trabajar en su lugar.

La situación se agrava por las dificultades en el acceso a tratamientos. “Aun teniendo obra social, muchas veces tienen que comprar la medicación porque no llega. Eso implica endeudarse, resignar alimentos, dejar otras necesidades básicas”, explicó.

En su caso particular, relató que debe afrontar gastos constantes: traslados, dieta especial, insumos no cubiertos. “Todo dinero que entra es poco”, afirmó. Además, denunció una realidad que atraviesa a muchos: quienes perciben una pensión por discapacidad no pueden acceder a otros programas de ayuda estatal, lo que los deja en una situación de extrema vulnerabilidad.

El valor del intercambio

La feria no es solo un espacio de venta, sino también de trueque, una práctica que cobra nueva vigencia en tiempos de crisis.

Adriana Sequeira, jubilada preceptora, se sumó recientemente al grupo. “La necesidad es grande para todos. Esto nos ayuda y también es un lugar para compartir”, contó. Con una hija estudiando y un ingreso insuficiente, encontró en la feria una alternativa económica y emocional.

“El trueque es muy importante cuando no hay plata. Podemos cambiar ropa por alimentos o por cosas que necesitamos. Eso ayuda muchísimo”, explicó.

Betty Corimayo, otra de las participantes, llegó al grupo por invitación y decidió sumar también a sus amigas. “Mi marido se quedó sin trabajo y tenemos un hijo en la escuela. Esto es una forma de luchar el día a día”, dijo. Además de vender escabeches y ropa, destaca el valor del encuentro: “Nos ayudamos entre todos”.

Desde distintos puntos de la provincia, incluso localidades como Campo Quijano, las familias se acercan para participar. “Hay gente que vino de lejos. Eso muestra que la necesidad es grande, pero también las ganas de salir adelante”, agregó.

Estamos dentro de un sistema que nos deja afuera”

Claudia Padilla, otra de las feriantes, puso en palabras una sensación compartida: la exclusión. “Estamos dentro de un sistema que en realidad te deja afuera”, expresó. Con 56 años, diabética insulinodependiente y consumiendo múltiples medicamentos, explicó que incluso con cobertura médica los costos son difíciles de sostener.

“Te cobran plus, los estudios, todo. Y además tenés que vivir, comer, moverte”, señaló. En su caso, la feria representa una herramienta de subsistencia, pero también una forma de recuperar prácticas comunitarias.

“El trueque lo usaban nuestros ancestros. En las peores crisis, como en 2001, salimos adelante así. Es una forma digna de sobrevivir”, recordó.

Padilla también hizo un llamado a ampliar la red: “Sería buenísimo que se sumen verduleros, panaderos, almaceneros. Que esto crezca”.

Un proyecto colectivo con esperanza

No todas las historias están atravesadas directamente por la enfermedad, pero sí por la solidaridad. Susana, otra participante, llegó con un emprendimiento familiar de cuadros personalizados. “Esto es una ayuda en un momento muy difícil. Entre todos nos damos una mano”, dijo.

La feria funcionará todos los sábados, de 9 a 13.30, en el salón de Rivadavia 453, y está abierta tanto a quienes quieran comprar como a quienes deseen intercambiar productos. La consigna es simple: todo sirve, desde ropa hasta alimentos o artículos de limpieza.

Para Fanny Flores, el objetivo va más allá de lo económico. “Esto nos hace sentir dignos. Porque hacemos algo con nuestras manos, porque alguien lo valora y porque podemos llevar algo a casa sin tener que pedir”.

En tiempos donde la incertidumbre golpea fuerte, estas familias construyen, sábado a sábado, una red de resistencia basada en el trabajo, la empatía y la convicción de que, incluso en la adversidad, es posible salir adelante juntos.

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