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“Esta guerra ocurre ante la mirada indiferente del mundo”: Sudán y la crisis humanitaria que la comunidad internacional ignora

Más de 14 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares y más de 11,5 millones son desplazados internos, lo que convierte a Sudán en la mayor crisis de desplazados del mundo. Se estima que el número de civiles muertos oscila entre 150.000 y 400.000, pero podría ser mucho mayor: ambos bandos se enfrentan a acusaciones de asesinatos, violaciones y limpieza étnica.

Esta guerra, que ya entra en su cuarto año, ha sido ampliamente ignorada, ya que el mundo se centra en Irán, Oriente Medio y Ucrania. Parte de la razón es que el país se ha mantenido prácticamente cerrado a la comunidad internacional.

Dos viejos aliados se disputan el poder: el ejército nacional, las Fuerzas Armadas Sudanesas (FAS), y las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), una milicia con base en la conflictiva región sudoccidental de Darfur.

El acceso está estrictamente controlado por ambas partes, con visados restringidos y vastas zonas, especialmente en Darfur, inaccesibles. Sobre el terreno, el constante cambio de las líneas del frente, los ataques aéreos y la falta de protección real dificultan, y a menudo imposibilitan, el trabajo de ONG humanitarias y periodistas.

Desde que obtuvo la independencia del dominio británico-egipcio en 1956, Sudán ha estado asolado por la guerra. Dos conflictos que duraron décadas —1955-1972 y 1983-2005— enfrentaron al sur, mayoritariamente cristiano y animista, contra el norte árabe musulmán, culminando finalmente en la creación de Sudán del Sur como estado independiente en 2011.

Los beligerantes

En el centro de la tercera guerra civil del país se encuentran dos beligerantes. El general Abdel Fattah al-Burhan, de las Fuerzas Armadas Sudanesas (FAS), busca mantener el control de las instituciones formales del país y la idea de un Sudán unificado.

Su oponente es Mohamed Hamdan Dagalo, también conocido como “Hemedti”, comandante de las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR). Su poder no solo reside en su fuerza militar, sino también en el control del oro, las rutas de contrabando y las economías informales y del mercado negro en el oeste de Sudán, en la zona de Darfur.

General Mohamed Hamdan Dagalo. Foto: Reuter

Hace siete años, ambos bandos se aliaron en el golpe de Estado que puso fin a los 30 años de gobierno del presidente Omar al-Bashir. Sin embargo, las tensiones aumentaron debido a los planes para integrar las Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR) al ejército nacional, en medio de acusaciones de que Hemedti dirigía un gobierno paralelo.

Una guerra étnica y con violencia sexual como arma

Un frágil enfrentamiento derivó en una guerra abierta hace cuatro años, la mañana del 15 de abril de 2023. Y el conflicto sigue brutalmente.

El 15 de abril del 2026 se inició el cuarto año de la guerra en Sudán, una guerra civil y de limpieza étnica. La población se lleva la peor parte de la guerra, sufriendo brutales ataques en forma de asesinatos en masa, violencia sexual, tortura y detenciones.

Infraestructuras civiles críticas, centros de salud, personal médico y ayuda humanitaria siguen siendo blanco de ataques indiscriminados por las fuerzas de apoyo rápido y el ejército. Pero es una guerra que se ha librado sobre los cuerpos de mujeres y de niños.

La población se lleva la peor parte de la guerra. Foto: Reuters

La ONG francesa Médicos Sin Fronteras estuvo en Sudán, particularmente en Darfur, entre el 2024 y el 2025, pero tuvo que partir por razones de seguridad. Sin embargo han seguido allí documentando y denunciando las atrocidades que han definido este horrendo conflicto.

José Sánchez, coordinador médico de Médicos Sin Fronteras desde Port Sudán, sobre el Mar Rojo, en el área controlada por el gobierno, dialogó con Clarín en este nuevo aniversario de la guerra olvidada.

-José, a cuatro años de la guerra, ¿cuáles son las características más importantes de este conflicto?

-Sudán lleva tres años sumergida en una guerra donde se está atacando a la población civil de forma indiscriminada. Están aumentando los ataques con drones lejos de la línea del frente y, sobre todo, teniendo objetivos claros de infraestructuras civiles y hospitales. Se están atacando mercados, se están atacando escuelas. Se están atacando directamente hospitales y personal sanitario. La ayuda humanitaria sigue siendo bastante insuficiente. No está llegando a todos los sitios que debería. Hay un sistema de salud que ya de por sí estaba bastante frágil antes del comienzo de esta guerra, en abril del 2023, y ahora está totalmente colapsado.

José Sánchez, coordinador médico de Médicos Sin Fronteras.

Se están atacando mercados, se están atacando escuelas. Se están atacando directamente hospitales y personal sanitario. La ayuda humanitaria sigue siendo bastante insuficiente

José SánchezCoordinador Médico de MSF

-¿Por qué sigue siendo un conflicto sordo, que el mundo no quiere escuchar, cuando las principales víctimas son las mujeres, los niños, las familias?

-Pues todo esto que os contaba y todo lo que está pasando en Sudán, está pasando delante de la mirada indiferente de la comunidad internacional. Es como si no interesara este tipo de conflictos. Esta guerra está pasando en momentos en que hay otras guerras más mediáticas. No se le está dando tanta comunicación ni se está informando sobre lo que está pasando en Sudán y ya dura más de tres años este conflicto.

-¿Ambas partes usan la violencia sexual como arma de guerra?

-Correcto. Estamos viendo que se está generalizando el uso de la violencia sexual entre mujeres, hombres y niñas. Se utiliza para aterrorizar, para humillar, para degradar a las comunidades enteras. Y no solamente en lugares o en ataques armados. Está pasando cuando las mujeres o las niñas van a buscar leña para cocinar o a recoger agua. Nosotros hablamos por los casos que hemos tratado en nuestros hospitales. Más del 90% de los casos son realizados por hombres armados. Por lo que tiene un impacto directo en los tres años de conflictos que están sucediendo en Sudán.

Un niña de tres años, que pesa 5,3 kilos, es examinada en un hopital de Tawila. Foto: Giles Clarke/OCHA/ vía MSF

-Médicos Sin Fronteras tiene posibilidades de operar en todo Sudán. ¿Puede estar en Darfur Norte y Darfur Sur? ¿Dónde pueden operar con cierta seguridad?

-Desde Médicos Sin Fronteras actualmente apoyamos unos 15 hospitales y 20 centros de salud en nueve de los 18 estados que componen Sudán. Estamos apoyando hospitales y centros de salud en las dos partes. En las partes controladas por la Fuerza de Apoyo Rápido, en la parte de Darfur, y también en la parte controlada por el gobierno. Porque desde Médicos Sin Fronteras nos encargamos de proporcionar o de hacer llegar la salud a toda la población vulnerable. No importa en qué bando se encuentre. Actualmente hay muchas zonas donde tenemos el acceso restringido: o bien por seguridad o bien por procedimientos administrativos, que eso es lo que más impotencia nos da. Muchas veces tenemos la ayuda, tenemos los recursos, pero la ayuda no llega por burocracia administrativa. Hay gente que está muriendo por causas evitables. Las autoridades de Sudán y, aún más allá, la comunidad internacional no están haciendo nada para que esto deje de pasar.

Atacan los hospitales

-¿Ambas partes de la guerra los aceptan para que ustedes puedan operar en los hospitales o ayudar a determinadas clínicas o apoyar determinados programas?

-Los hospitales están siendo objetivo directo de los ataques, por lo que muchas veces es difícil operar o tener actividad dentro del hospital. Sin ir más lejos, hace dos semanas atacaron uno de los hospitales cerca de uno de nuestros proyectos. De diez personas asesinadas, siete eran personal médico que estaba desempeñando su labor. En 2025 solamente, según la Organización Mundial de la Salud, 4 de cada 5 muertes por ataques a la atención sanitaria ocurrieron en Sudán, que es una cifra escalofriante. Se ha perdido el respeto por completo a los hospitales, que deberían ser un lugar donde los pacientes y el personal que trabaja en ellos estuvieran seguros, y no está ocurriendo.

Personas desplazadas de El Fasher. Foto: Giles Clarke/OCHA vía MSF

-Ustedes hablan de mujeres y niños como víctimas, pero al mismo tiempo hay muchos desaparecidos en esta guerra. ¿Ellos siguen sin ser contactados o han sido asesinados o están desaparecidos también por la inseguridad que reina en el país o por los desplazamientos permanentes a los que están obligados a hacer para huir de la violencia?

-Si Sudán está considerada como la mayor crisis humanitaria del mundo es porque ya se estima que unos 14 millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares y están desplazados. Nueve millones dentro del país y cuatro millones buscando refugio en los países vecinos. Con esta masa de gente moviéndose y dejando sus hogares, con desplazamientos y con ataques durante el movimiento de estas personas, hay muchos niños que han perdido a sus padres; casi todas las familias han perdido a algún ser querido. Es un nivel de violencia bastante alto. Los casos de violencia sexual, pero también de violencia física. Hay gente que está sufriendo secuestros, extorsiones, torturas, muchas veces durante los movimientos de huida buscando un lugar seguro donde refugiarse.

-¿Cuáles son los lugares seguros? Por ejemplo, ¿se puede vivir en la capital, se puede vivir en Port Sudán y cuáles son los otros lugares seguros donde ustedes, Médicos Sin Fronteras, se pueden instalar?

-Estamos trabajando en nueve de los dieciocho estados. El resto de estados no son zonas donde necesiten una ayuda de emergencia como la que proporciona Médicos Sin Fronteras. La parte central del país, la zona de Kordofán, donde hay varios estados en el centro del país, es ahí donde se está situando la línea de frente, donde los conflictos son más activos y donde la seguridad muchas veces nos impide estar presentes. Pero se está aumentando mucho el ataque con drones. Esto hace que ya no solo haya ataques en la línea de frente, sino en las zonas más lejanas.

-Frente a la violencia sexual que de alguna manera caracteriza este horrendo conflicto, ¿qué rol juega el estigma y la ausencia de servicios de protección eficaces para las mujeres abusadas, para los niños abusados?

-Ya para una sobreviviente de violencia sexual es muy difícil tener acceso a un medicamento preventivo o a un tratamiento integrado. Y aún más tiene el estigma de la comunidad o el miedo a ser rechazada. En Médicos Sin Fronteras intentamos estar cerca de la sobreviviente e intentar dar un tratamiento de calidad. Pero muchas veces es imposible por esta restricción del acceso y también por la estigmatización que pueden sufrir; las sobrevivientes no acceden por miedo al tratamiento o a los centros donde proporcionamos este tipo de asistencia.

-¿Hay alguna representación en este momento de Médicos Sin Fronteras en El Fasher o simplemente las condiciones de seguridad no permiten a nadie estar allí?

-Todo ha sido tomado por la milicia. Actualmente no estamos en El Fasher. Tenemos equipos basados en Tawila, que es la ciudad a 60 kilómetros donde se están acogiendo miles de refugiados desplazados desde El Fasher, de cuando fue la toma por la parte de la Fuerza de Apoyo Rápido al final del mes de octubre del 2025. Allí es donde estamos atendiendo a personas que han sido testigos directos de lo que ocurrió en El Fasher. Han sido víctimas directas de violencia sexual, de tortura, de palizas, han sido testigos de asesinatos en masa. Mucha gente ha perdido a algunos de sus seres queridos. Todo esto lo sabemos por los testimonios que nos cuentan todos los desplazados que llegan o que hemos tratado en Tawila.

Las víctimas de El Fasher

-¿Se tiene una idea de cuánta gente finalmente murió en esas masacres terribles de El Fasher?

-Los datos en Sudán son algo bastante difícil de controlar porque hay dificultad de comunicación. No tenemos equipos que están allí directamente. Todo lo que sabemos es por lo que nos cuentan los pacientes que tratamos en nuestro centro. Pero se reporta que ha habido asesinatos en masa de grupos, muchas veces de etnias no árabes. Son los testimonios de nuestros pacientes lo que nos ayuda a entender lo que está pasando.

-¿Y quién controla Tawila ahora, que está tan cerca de El Fasher?

-Tawila está controlada por uno de los grupos considerados neutrales en este conflicto. Por eso los sudaneses que huyeron y que huyen todavía de las zonas donde el conflicto es más activo buscan refugio en estas zonas neutras, donde se considera que van a estar en seguridad. Pero estos ataques indiscriminados que están aconteciendo con drones y, sobre todo, teniendo como objetivo hospitales e infraestructuras civiles, hacen que ahora nadie esté seguro dentro del territorio de Sudán.

-Lo de los drones y los ataques a los hospitales es más o menos nuevo. Al inicio del conflicto no había ataques a los hospitales, ¿no?

-Nunca se ha respetado, porque uno de cada tres hospitales o centros de salud no funciona, o bien porque ha sido saqueado, vandalizado o atacado directamente durante estos tres años. Ahora es como si se hubiera aumentado el número de ataques a estas estructuras, tanto civiles como sanitarias, pero siempre ha sido algo constante durante estos tres años. Ahora está un poco más incrementado por el creciente uso de drones.

-José, ¿cuáles son las cifras sobre los sobrevivientes de la violencia sexual en esta guerra?

-Nosotros hemos tratado, en estos tres años, unas 3.300 personas sobrevivientes, mujeres y niñas. Pero es una pequeña muestra de lo que está pasando. Como decía, no llegamos a todas las sobrevivientes, bien porque no pueden acceder a un centro por razones de seguridad o bien por la estigmatización y la presión comunitaria que supone ser una sobreviviente de una violación. No tenemos datos generales de todos los casos que puede haber en el país, pero sabemos que estos 3.300 que hemos tratado no es el total. Tiene que haber muchos casos y seguimos sensibilizando a las comunidades y presionando en lo posible a los actores implicados en este conflicto para que dejen de usar la violencia sexual como un arma de guerra.

-¿Las víctimas fueron agredidas por individuos armados o por más de un agresor? ¿Y eran menores de 18 años? ¿Incluso había niños de hasta cinco años?

-Lo que sabemos por los testimonios que nos cuentan los sobrevivientes de violencia sexual es que se han cometido atrocidades y la gran parte, más del 90 por ciento, han sido causadas por hombres armados. Ha habido hombres también que han sido víctimas, niños, niñas, mujeres. Está generalizado el uso de la violencia sexual.

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