Venezuela:
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Venezuela: “Somos tres”, el milagro de los hermanitos hallados con vida en La Guaira

El primero en salir es un niño delgado y cubierto de polvo; poco después le sigue una joven, quien encuentra fuerzas para decirles a los rescatistas: “Somos tres”. Y, en efecto, ahí está el tercero: un adolescente que sale con cierta dificultad de entre los escombros.

Tres hermanos —a salvo y aparentemente ilesos— emergen de una grieta en un montón de hormigón armado y ladrillo: los restos de una casa —quizás la suya— destrozada por el doble golpe sísmico que sacudió a Venezuela anoche.

La Guaira, a orillas del mar Caribe, a unos veinte kilómetros al norte de Caracas, tiene cuarenta mil habitantes —aunque es imposible saber ahora cuántos habrá mañana, una vez que se asiente el polvo—.

Aún era de noche mientras la gente buscaba entre los edificios destrozados, incluso con las manos desnudas. Y es allí donde un teléfono grabó un vídeo, uno que se compartió de inmediato en las redes sociales y devino en un símbolo de esperanza.

Lo sostuvo Mario Ruiz, un vecino que participa en las labores de rescate. “Dios, eres misericordioso”, rezó al ver que los tres jóvenes están sanos y salvos.

Un milagro captado en sesenta segundos de grabación.

“Mira, acabamos de salvar a un niño”, dice el rescatista al comienzo del video, y allí —con sus piernas delgadas— el pequeño emerge de entre los restos destrozados de los pisos. No debe tener más de seis o siete años. “Ven aquí, quédate justo aquí”, le dicen.

En lo profundo de la grieta se vislumbra un espacio que los escombros del derrumbe no llegaron a llenar. Allí fue donde esperaron —quién sabe cuánto tiempo— la ayuda, y de allí es de donde sale trepando su hermana, algo mayor, con la ayuda de un rescatista.

“Somos tres”, logra decir con voz temblorosa apenas emerge.

“¨Son hermanos?”, le preguntan.

“Sí, somos tres”, responde ella de nuevo.

“Quédate ahí, alumbra”, gritan los equipos de búsqueda. La tercera niña es mayor; le cuesta más abrirse paso entre los escombros, pero lo consigue.

“Sin piernas rotas, nada”, comenta otra voz. Ella también está a salvo; quizá deje escapar un sollozo, pero está viva e ilesa. Entonces, la cámara enfoca a un joven: sudoroso y exhausto hasta el límite.

“¿Tu hijo también está aquí?“, le pregunta una voz desde fuera de campo, y él solo puede asentir: una sola vez.

“Vamos paso a paso, hijo”, le dice el otro hombre —uno de mayor edad—.

“La ayuda está en camino. Tienes que tener fe. Mira: tenemos tres supervivientes aquí —estos niños—; mira, es obra de Dios”, agrega.

El otro hombre, el joven padre, hace un gesto de ánimo cerrando el puño, como diciendo: “Sí, vamos, sigamos adelante”.

La noche en La Guaira fue muy larga. Los rescatistas todavía están en busca de otro milagro.

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